Argentina se posiciona como un punto de referencia en la contienda internacional relacionada con el acceso a tratamientos oncológicos, tras la reciente competencia entre un importante laboratorio multinacional y una empresa local que ha introducido un biosimilar innovador. Esta situación ha derivado en una significativa disminución de precios que podría transformar el panorama de la salud en el país, facilitando el acceso a un medicamento crucial en la batalla contra el cáncer. La reducción del costo en aproximadamente un 50% ha generado un impacto considerable en la salud pública y ha despertado el interés de otros países en modelos similares de regulación y competencia.
El medicamento en cuestión es el pembrolizumab, conocido comercialmente como Keytruda, desarrollado por la multinacional Merck & Co. Este fármaco es un pilar en los tratamientos de inmunoterapia, utilizado para combatir varios tipos de cáncer, incluidos los tumores de pulmón y mama. Desde su lanzamiento en 2014, ha demostrado ser vital para prolongar la vida de muchos pacientes, pero su altísimo costo, que puede alcanzar los 20 millones de pesos argentinos por dosis, lo convierte en un lujo inalcanzable para aquellos que no cuentan con seguro médico o cobertura estatal.
El contexto actual es alarmante, ya que el cáncer se ha convertido en una de las principales causas de mortalidad a nivel mundial, provocando una de cada seis muertes. Este fenómeno se intensifica en un mundo donde los costos de los tratamientos continúan en aumento, lo que obliga a los gobiernos a buscar alternativas para garantizar el acceso a medicinas esenciales. En este sentido, la llegada del biosimilar de ELEA, un laboratorio argentino, ha sido un cambio de juego que ha desafiado el monopolio de Merck en el mercado local.
La compañía ELEA ha sido capaz de desarrollar un biosimilar de pembrolizumab gracias a que la patente de Keytruda no se registró en Argentina. Esto ha permitido que el laboratorio del Grupo Sigman ofrezca una versión más accesible del medicamento, generando un efecto dominó en la industria farmacéutica del país. Hasta la llegada de este biosimilar, Merck operaba como el único proveedor, pero la competencia ha llevado a una reducción drástica en los precios, lo que ha beneficiado enormemente a los pacientes que necesitan este tratamiento.
Los datos son reveladores: el mercado argentino de pembrolizumab ha crecido de 50.000 a 80.000 unidades en un solo año, evidenciando una demanda creciente y un reconocimiento de la calidad del biosimilar. En términos de adquisiciones, el Estado nacional pasó de comprar cerca de 280 dosis anuales a casi 4.000 en 2025, lo que representa un aumento extraordinario del 1.300%. Este cambio en la política de compra del Estado no solo refleja una mayor disponibilidad del medicamento, sino también un esfuerzo por parte del gobierno para asegurar que el tratamiento sea accesible para todos los ciudadanos.
Recientemente, en la última licitación organizada por el Ministerio de Salud de la Nación, el laboratorio argentino ELEA se adjudicó el contrato al ofrecer un precio por unidad que es un 56% más bajo que el de la última contratación directa de Merck. Este evento marca un hito significativo, ya que subraya la capacidad del mercado argentino para adaptarse y ofrecer alternativas viables en la lucha contra el cáncer. La competencia generada por la entrada de ELEA no solo ha beneficiado a los pacientes, sino que también ha establecido un precedente en el ámbito farmacéutico, donde el acceso a tratamientos de alta complejidad comienza a ser visto como un derecho en lugar de un privilegio.
En resumen, la situación en Argentina no solo refleja una batalla entre empresas, sino que también es un claro ejemplo de cómo la regulación y la competencia pueden influir en la disponibilidad de tratamientos esenciales. La introducción del biosimilar de ELEA ha demostrado que es posible mejorar el acceso a medicamentos sin comprometer la calidad, lo que plantea un modelo a seguir para otros países en el contexto de la salud pública y el acceso a tratamientos oncológicos. La lucha continúa, pero Argentina se erige como un faro de esperanza en la búsqueda de soluciones efectivas para la crisis del cáncer a nivel global.



