El café, reconocido como una de las bebidas más consumidas a nivel global y una de las materias primas más comercializadas en el mundo, ha comenzado a ganar un nuevo protagonismo en Argentina. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el consumo de café en el país se encuentra en constante crecimiento, con una población que cada vez valora más la calidad del producto y los detalles que lo rodean. Este cambio en la percepción del café ha abierto la puerta a nuevas oportunidades en el sector, marcando un camino hacia la producción local de este preciado grano.
En este contexto, Martín Cabrales, líder de la empresa familiar homónima, se ha convertido en una figura clave para entender tanto el mercado del café como el perfil del consumidor argentino. Recientemente, Cabrales logró un hito significativo para el país: la obtención del primer café argentino con sello de origen, un avance que podría transformar la matriz productiva del sector. Este nuevo producto no solo resalta la capacidad del país para cultivar y procesar café, sino que también representa un cambio en su histórica dependencia de la importación de este grano.
La consecución de este primer café de origen argentino es el resultado de un proyecto colaborativo entre la empresa de Cabrales y el Gobierno de Tucumán, a través del Instituto de Desarrollo Productivo (IDEP). Luego de llevar a cabo múltiples ensayos agronómicos, el café argentino logró cumplir con los estándares internacionales de calidad sensorial. La Mumac Academy, reconocida como una autoridad en la educación y cultura del café, validó las características del producto, destacando la singularidad del terroir tucumano y las condiciones climáticas subtropicales que favorecen su cultivo.
La obtención de este café se fundamenta en las condiciones agroclimáticas únicas del noroeste argentino. La combinación de altitud, tipo de suelo y clima permite que el grano desarrolle un perfil de sabor que, según Cabrales, “no tiene nada que envidiar a los grandes orígenes del mundo”. Este logro no solo posiciona a Argentina en el mapa internacional de productores de café, sino que también sienta las bases para un futuro en el que el café argentino se convierta en un producto de orgullo nacional, tanto por su calidad como por su producción.
Cabrales se mostró entusiasmado con los resultados obtenidos, señalando que los primeros cultivos en Tucumán han demostrado una complejidad inesperada. Ha surgido una bebida única, capaz de presentar dos perfiles de taza diferentes pero complementarios, adecuados para distintos métodos de preparación. La versatilidad del café argentino es una característica que lo diferencia, permitiendo su disfrute tanto en espresso como en métodos de filtrado, donde el punto de tostación juega un papel fundamental en la expresión de sus sabores.
El sabor del espresso resalta notas de chocolate, cacao y frutos secos, brindando un cuerpo robusto y un retrogusto placentero. En contraposición, el café preparado con un tueste más suave revela matices más dulces, mostrando la riqueza y diversidad que puede ofrecer un mismo grano. Este enfoque en la calidad y la singularidad del café argentino no solo busca satisfacer al consumidor local, sino también posicionar al país como un competidor en el mercado internacional de café de especialidad, donde la demanda de productos únicos y de alta calidad continúa en ascenso.



