El secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología de Argentina, Darío Geuna, compartió su experiencia tras el lanzamiento de la misión Artemis II desde Cabo Cañaveral, resaltando el orgullo nacional por ser parte de este proyecto junto a solo tres naciones más. La participación de Argentina en esta misión, que incluye el envío del microsatélite Atenea, representa un hito significativo en la exploración lunar después de más de cinco décadas. Este evento no solo marca un regreso a la Luna, sino que también pone de manifiesto la colaboración internacional y el avance tecnológico en el ámbito espacial.
Durante una entrevista en un programa de televisión, Geuna destacó la relevancia de este acontecimiento, señalando que la humanidad está retomando la exploración lunar con un enfoque renovado. “Después de 53 años, volver a la Luna como humanidad es un momento crucial”, enfatizó, subrayando la importancia de la misión Artemis que busca establecer una base humana en nuestro satélite natural. La misión Artemis II es la segunda de una serie de misiones destinadas a explorar el espacio y ampliar nuestro conocimiento sobre el universo.
El secretario también compartió su experiencia personal al presenciar el lanzamiento, describiendo la intensa emoción que se siente al ver el cohete despegar. “Es una sensación indescriptible”, comentó, aludiendo a la vibración del cuerpo y la cercanía con el evento. A pesar de la distancia, el espectáculo del lanzamiento fue impresionante, con el cohete despegando lentamente, pero en realidad alcanzando velocidades sorprendentes al romper las barreras del sonido.
Geuna hizo hincapié en la importancia simbólica y técnica de la misión Artemis II. A través de esta misión, se busca no solo explorar y conquistar la Luna, sino también validar tecnologías y establecer una presencia humana permanente en el espacio. En este contexto, Argentina se posiciona como un jugador clave en la cooperación internacional en el ámbito espacial, siendo el único país latinoamericano en participar en el envío de cargas secundarias.
El microsatélite Atenea tiene un tamaño similar al de una caja de zapatos y cuenta con tecnología avanzada para medir factores como la radiación y la comunicación en el espacio. Geuna explicó que operar un satélite a 70 mil kilómetros de distancia presenta desafíos únicos en comparación con la comunicación a corta distancia. “Validamos tecnologías espaciales y medimos la radiación y otros factores cruciales para la misión”, agregó, destacando la complejidad del proceso.
El funcionario también destacó la capacidad técnica de los equipos argentinos, señalando que, de los cuatro satélites que participaron, solo dos pudieron establecer comunicación y controlar su actitud: el satélite argentino y el de Arabia Saudita. Este éxito refleja la excelencia del equipo argentino en el control de operaciones terrestres, brindando asistencia a otros satélites que no lograron comunicarse. El proceso de la misión fue meticuloso, con el cohete despegando, cruzando la atmósfera y liberando las cargas secundarias, incluyendo el microsatélite nacional, cinco horas después de su lanzamiento. Desde Córdoba, se tomó control del satélite, utilizando antenas de seguimiento para asegurar su correcto funcionamiento, lo que subraya el compromiso de Argentina con la innovación y la exploración espacial.



