A lo largo de los años, el debate sobre la inserción de Argentina en el ámbito internacional ha estado marcado por posturas extremas: apertura frente a proteccionismo, globalización versus aislamiento y la confrontación entre mercado y Estado. Sin embargo, el reciente acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur representa una oportunidad para dejar atrás esta dicotomía y construir una política de Estado basada en reglas claras, previsibilidad y cooperación estratégica.

La votación reciente en la Cámara de Diputados, que contó con el apoyo de diversas fuerzas políticas, ha sido un hito significativo. No se trató de un mero procedimiento legislativo, sino de una declaración institucional de gran relevancia. En un país polarizado, alcanzar consensos sobre decisiones de gran envergadura envía un mensaje claro tanto a nivel interno como externo: Argentina tiene la capacidad de forjar acuerdos más allá de sus divisiones temporales.

Este acuerdo no solo tiene implicaciones comerciales, sino que también es un acuerdo político entre dos regiones que comparten un fundamento democrático similar. En un entorno internacional caracterizado por tensiones geopolíticas y nacionalismos crecientes, optar por el multilateralismo y las normas compartidas es una elección que define la identidad de una nación. Aunque algunas voces han interpretado la reciente decisión judicial europea como un obstáculo, podría en realidad ser una oportunidad para fortalecer el marco jurídico del acuerdo, brindando mayor claridad y, por ende, previsibilidad, lo cual es esencial para el desarrollo económico del país.