En la conmemoración de un capítulo trágico en la historia argentina, Victoria Montenegro, quien fue secuestrada cuando apenas tenía trece días de vida, comparte su relato y su lucha por la verdad. A sus 50 años, ha vivido la mitad de su existencia bajo la identidad de María Sol Terzlaff, mientras que la otra mitad ha sido un camino de reconstrucción y búsqueda de su verdadera identidad. Montenegro fue robada el 13 de febrero de 1976, en un contexto de violencia y represión que marcó a toda una generación en el país.

La historia de Victoria comienza en William Morris, Buenos Aires, donde nació el 31 de enero de 1976, en un hogar donde sus padres, Roque Montenegro y Hilda Torres, eran militantes activos en un contexto político convulso. Apenas trece días después de su nacimiento, un operativo militar llevó a sus padres a la desaparición y a ella a una vida de incertidumbre. El golpe de Estado que derrocó al Gobierno de María Estela Martínez de Perón el 24 de marzo de ese mismo año selló su destino, transformando su vida en un símbolo de la lucha por la memoria, la verdad y la justicia.

Desde su secuestro, Montenegro ha vivido en un entorno que, aunque le fue presentado como su hogar, estaba impregnado de las atrocidades de la dictadura militar. A partir de su secuestro, su vida se entrelazó con la historia de Campo de Mayo, un centro de detención y tortura donde, además de sufrir la represión, se desarrollaron relaciones familiares entre los militares y los secuestrados. La cruda realidad es que su historia no es única; organizaciones de derechos humanos estiman que alrededor de 30.000 personas fueron desaparecidas durante esos años oscuros, dejando un legado de dolor y lucha en la sociedad argentina.

Montenegro recuerda cómo sus padres se conocieron en la escuela secundaria y cómo su vida cambió drásticamente a raíz del golpe militar. Con una profunda tristeza, narra que en su pequeño pueblo en Salta, al menos 25 niños fueron también víctimas de la desaparición, reflejando la magnitud de la violación de derechos que vivieron muchas familias. Esta historia no solo es la de una niña que fue robada a su familia, sino la de un pueblo que aún clama justicia y reconocimiento de su dolor.

El proceso de descubrir su verdadera identidad fue un viaje doloroso y lleno de revelaciones. A través del trabajo incansable de organizaciones de derechos humanos, como las Abuelas de Plaza de Mayo, pudo entender las atrocidades que habían ocurrido. Las Abuelas han jugado un rol crucial en la identificación de bebés que fueron secuestrados y han buscado incansablemente la verdad detrás de cada caso. En su relato, Victoria destaca la importancia de estos organismos en su vida y en la vida de muchas personas que, como ella, han sido víctimas de la barbarie del pasado.

La historia de Victoria Montenegro es un recordatorio de la necesidad de mantener viva la memoria colectiva y de seguir luchando por la verdad. Este 2026, cuando se conmemora el 50 aniversario del golpe de Estado, su voz resuena no solo como un testimonio personal, sino como una llamada a la acción para que la sociedad argentina no olvide y continúe buscando justicia. La resistencia sigue viva, y con ella, la esperanza de que el futuro sea un espacio donde la verdad prevalezca sobre el silencio y la impunidad.