El 21 de mayo de 2025, un suceso estremecedor sacudió la tranquilidad de Villa Crespo, un barrio porteño conocido por su vida vibrante y su comunidad unida. En el departamento 6to A de la calle Aguirre, se descubrió el horror de un triple crimen que dejó a todos en estado de shock. La empleada doméstica que llegó esa mañana para realizar sus tareas diarias fue quien se topó con la escena del crimen: un hogar bañado en sangre y cuerpos sin vida esparcidos por toda la vivienda. La brutalidad de estos hechos dejó marcada a la comunidad y planteó interrogantes sobre la salud mental y la violencia intrafamiliar.

Las víctimas fueron identificadas como Laura Fernanda Leguizamón, de 40 años, y su esposo, Bernardo Adrián Seltzer, de 42, junto a sus dos hijos adolescentes, Ian e Ivo, de 17 y 15 años respectivamente. La empleada, al ingresar, encontró el cuerpo de uno de los jóvenes tendido en el suelo, en un charco de sangre, lo que desató una serie de eventos que llevarían a la intervención policial y a la posterior investigación judicial. La llegada de las fuerzas de seguridad pronto reveló la magnitud de la tragedia, con los cuerpos de todas las víctimas ubicados en diferentes espacios de la vivienda, lo que confirmó la naturaleza violenta del acontecimiento.

La investigación inicial fue rápida y eficiente. No se encontraron signos de fuerza en las entradas del hogar, lo que llevó a los investigadores a descartar la posibilidad de un ataque externo. En el lugar del crimen, se hallaron elementos cruciales, como un cuchillo ensangrentado y una carta que dejó pistas sobre lo ocurrido. Además, se descubrió que la madre de familia, Laura Leguizamón, estaba bajo tratamiento psiquiátrico, lo que añadió un nuevo contexto a la tragedia.

A medida que avanzaron las pesquisas, se avanzó hacia la hipótesis de un doble homicidio seguido de suicidio. Las autopsias y el análisis forense determinaron que Laura fue la autora de los crímenes, comenzando por su esposo y continuando con sus hijos, antes de quitarse la vida. La reconstrucción de los hechos sugiere un ataque en rápida sucesión, ya que la madre sobrevivió un tiempo adicional tras cometer el último acto de violencia, lo que le permitió escribir la carta que fue encontrada en la escena.

Los forenses precisaron que Laura Leguizamón falleció al menos una hora y media después que su familia. Este dato se estableció al observar el estado de rigidez cadavérica, que era inferior al de las otras víctimas, indicando que los asesinatos se produjeron en un corto lapso de tiempo. La carta, que fue hallada en la mesa de la cocina, supuso un intento de explicar sus acciones, aunque el contenido nunca fue revelado al público. La investigación se centró en desentrañar el estado mental de la mujer y los factores que pudieron llevarla a cometer tales atrocidades.

Los eventos se desarrollaron entre las 5 y las 6 de la mañana, en el marco de un miércoles ordinario que se transformó en un escenario de horror. Laura comenzó su ataque mientras su esposo dormía, asestándole múltiples puñaladas, lo que indica que no hubo tiempo para la defensa. La ausencia de sangre en sus pies y calzado sugiere que el hombre no tuvo oportunidad de reaccionar o escapar, lo que agrega un matiz de brutalidad a la escena. Las huellas de pies descalzos en la habitación, pertenecientes a la mujer, reforzaron la teoría de los investigadores sobre el desarrollo de los acontecimientos.

El cierre de la causa por parte de la Justicia, un año después de la tragedia, deja a la comunidad de Villa Crespo con un profundo sentido de pérdida y confusión. Este caso no solo impactó a quienes conocían a la familia, sino que también abrió un debate sobre la salud mental y la prevención de la violencia en el hogar. La historia de la familia Seltzer se convierte en un recordatorio sombrío de la necesidad de abordar estos temas con urgencia y profundidad, para evitar que se repitan tragedias similares en el futuro.