El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, conmemora este domingo el primer aniversario de su reelección, un periodo marcado por una intensa lucha contra el crimen organizado, un referéndum que resultó en una dura derrota, protestas indígenas y tensiones comerciales con Colombia. Desde su llegada al poder en noviembre de 2023, Noboa ha intentado dar un giro a la gestión del país, pero se ha encontrado con múltiples obstáculos que han complicado su mandato.
En un contexto de creciente violencia, Noboa declaró el conflicto armado interno en Ecuador en 2024, calificando a las organizaciones criminales de terroristas. Estas bandas, vinculadas principalmente al narcotráfico y la minería ilegal, son responsables de un alarmante aumento en los índices de homicidio, posicionando a Ecuador como uno de los países más peligrosos de Latinoamérica. A pesar de los esfuerzos del gobierno, como la captura de líderes de las principales agrupaciones criminales, los resultados han sido desalentadores, cerrando 2025 con un récord de aproximadamente 9.300 homicidios.
Uno de los momentos más críticos para Noboa se produjo en noviembre de 2025, cuando la población ecuatoriana rechazó en un referéndum cuatro de las cinco propuestas que el presidente había promovido. Entre estas, se encontraba la creación de una Asamblea Constituyente para redactar una nueva Constitución, así como la reducción del número de asambleístas. Asimismo, el electorado se opuso a la eliminación de la financiación pública a los partidos políticos y a la reactivación de bases militares extranjeras en el país, evidenciando un claro descontento con sus políticas.
La oposición, liderada por el correísmo, ha sido especialmente crítica con Noboa, acusándolo de maniobras para obstaculizar la participación de su movimiento en las próximas elecciones locales. Estas acusaciones se originan en una suspensión impuesta por la Fiscalía, que investiga a la Revolución Ciudadana, el partido de Rafael Correa. La situación ha generado un ambiente de tensión política que complica aún más el panorama para el presidente, quien se encuentra en un momento delicado de su mandato.
Otro de los hitos en este primer año fue el estallido de protestas indígenas en respuesta a la eliminación del subsidio al diésel, medida que fue interpretada como un cumplimiento de exigencias del Fondo Monetario Internacional (FMI). Las movilizaciones, que comenzaron el 22 de septiembre y se extendieron durante un mes, resultaron en la muerte de dos manifestantes y cientos de heridos, reflejando un profundo descontento social. A pesar de las demandas de los indígenas, Noboa se mantuvo firme en su decisión y no realizó concesiones, lo que ha acentuado las divisiones en la sociedad ecuatoriana.
En lo económico, el FMI aprobó en abril la quinta revisión de un acuerdo crediticio suscrito en mayo de 2024, por un monto de 5.000 millones de dólares durante un periodo de cuatro años. Según el organismo, el Producto Interno Bruto (PIB) de Ecuador mostró un notable repunte en 2025, en un contexto de baja inflación. Sin embargo, la estabilidad económica no parece ser suficiente para calmar el clima de tensión social y política que enfrenta Noboa.
A medida que se avanza en este año crucial, el presidente Noboa deberá enfrentar el desafío de restaurar la confianza de la ciudadanía y encontrar soluciones efectivas a los problemas que aquejan al país. La combinación de una crisis de seguridad, descontento social y presiones políticas internas pone a prueba su liderazgo y su capacidad para implementar reformas significativas que puedan revertir el rumbo de Ecuador y mejorar la calidad de vida de su población.



