Una desgarradora escena se descubrió en General Lagos, Santa Fe, donde un padre y sus dos hijos fueron encontrados sin vida en lo que parece ser un caso de doble homicidio seguido de suicidio. Horacio Nicolás Colombo, de 46 años, y sus pequeños Gian y Giulia, de 10 y 4 años, respectivamente, fueron hallados en su vivienda el 15 de junio. La alarmante situación fue denunciada por la madre de los niños, quien, al no poder comunicarse con ellos desde la noche anterior, alertó a las autoridades. La ubicación de uno de los teléfonos de los menores indicaba actividad en el hogar paterno, lo que llevó a los efectivos a ingresar en el domicilio junto a un familiar de Colombo.
Al entrar en la vivienda, los investigadores se encontraron con un panorama impactante: los cuerpos de las tres víctimas estaban en una habitación donde las ventanas estaban cerradas y selladas con cinta adhesiva, creando un ambiente herméticamente cerrado. Además, se encontraron cinco braseros distribuidos por la habitación y dos detectores de monóxido de carbono ocultos debajo de una cama. Este tipo de dispositivos, que normalmente se utilizan para medir la concentración de gases tóxicos en el aire, sugieren que la situación fue premeditada, y que posiblemente se buscaba asegurar una acumulación letal del gas en el ambiente.
Los elementos hallados en el lugar refuerzan la hipótesis de que se trató de un plan deliberado por parte del padre. Una carta de despedida, encontrada sobre una mesa, contenía mensajes conmovedores en los que expresaba su incapacidad para sobrellevar el dolor y su decisión de quitarse la vida junto a sus hijos. Este tipo de manifestaciones son desgarradoras y ponen de relieve la complejidad emocional que rodeó a esta tragedia familiar.
No obstante, el caso tiene un trasfondo aún más sombrío. Según informes, había antecedentes de violencia de género en la relación entre Colombo y la madre de los niños. En febrero, la mujer había presentado una denuncia por violencia económica, psicológica y simbólica, lo cual llevó a que la Justicia impusiera una restricción de acercamiento al padre. Sin embargo, esta medida no se extendió a los niños, quienes continuaron frecuentando el hogar paterno, un detalle que ha suscitado cuestionamientos sobre la protección de los menores en situaciones de riesgo.
El fiscal Franco Tassini, de la Unidad de Violencias Altamente Lesivas (UVAL), confirmó que las autopsias realizadas a los cuerpos revelaron que las víctimas fallecieron a causa de intoxicación por monóxido de carbono. Según Tassini, el ambiente había sido cuidadosamente acondicionado para evitar la entrada de aire fresco, lo que permitió que se acumulase el gas tóxico de manera letal. Esta manipulación de los dispositivos de combustión, que habían sido alterados para arder sin llama, incrementó la concentración de monóxido de carbono en el espacio, transformando el hogar en una trampa mortal.
Los primeros exámenes en los cuerpos no mostraron signos de violencia física, lo que refuerza la teoría de que la muerte de los tres fue producto de la intoxicación y no de un ataque físico. Este trágico suceso ha dejado un profundo impacto en la comunidad de General Lagos y ha abierto un debate sobre la prevención de la violencia de género y la protección de los niños en situaciones de riesgo. La historia de Horacio, Gian y Giulia resuena como un recordatorio sombrío sobre la necesidad de abordar las problemáticas familiares desde una perspectiva integral y efectiva.
Las repercusiones de este caso no solo se limitan a la familia involucrada, sino que también plantean interrogantes sobre la responsabilidad de las autoridades en la protección de los menores. La sociedad debe reflexionar sobre cómo se pueden mejorar los mecanismos de prevención y respuesta ante situaciones de violencia y riesgo familiar, para evitar que tragedias como esta se repitan en el futuro.



