Los empleados del grupo funerario El Salvador, involucrados en un escándalo por presunto intercambio de ataúdes entre 1995 y 2015, han salido a defender su inocencia en medio de un proceso judicial que ha generado gran expectación. En el marco de las audiencias en la Audiencia de Valladolid, los acusados han señalado a un excompañero, Justo M.G., como el responsable de haber recopilado pruebas en su contra, motivado por rencores personales tras no haber sido contratado su hijo en la empresa.
Durante la semana pasada, se iniciaron las declaraciones de los acusados, entre ellos María del Rosario V.L., viuda del fundador de la compañía, y otros familiares directos. Sin embargo, fue Ignacio M.V., hijo de María del Rosario, quien tomó la palabra primero para acusar a Justo M.G. de ser el principal instigador de la denuncia, argumentando que sus evidencias eran producto de un largo rencor acumulado a lo largo de los años. Esta línea de defensa ha sido reiterada por los demás acusados, quienes sostienen que el excompañero actuó movido por su animosidad hacia la dirección de la empresa.
Los veintitrés acusados, que han declarado bajo el mismo contexto, han rechazado las acusaciones sobre la existencia de un sistema organizado para el intercambio de ataúdes y la reutilización de ornamentos en funerales. Aseguraron, además, que durante aquellos años no recibieron compensaciones adicionales a sus salarios regulares. Ángel P.V., uno de los operarios, expresó que el fallecido Ignacio Morchón A., propietario de la empresa, era conocido por no otorgar gratificaciones y cumplir estrictamente con lo pactado en los contratos.
A lo largo del juicio, el testimonio de Ángel P.V. ha sido clave, ya que ha afirmado que las decisiones en la compañía siempre provenían de la alta dirección. “Ignacio Morchón Alonso decidía todo. Se hacía lo que él decía, como él decía y cuando él decía”, sostuvo el operario, enfatizando que la responsabilidad recaía en la figura del empresario y no en los trabajadores. A pesar de las acusaciones que pesan sobre él, el operario ha defendido su inocencia, argumentando que en las fechas en las que supuestamente cometió las irregularidades, no coincidió en turnos con Justo M.G.
Por otro lado, otros acusados como los hermanos Mario y Guillermo C.L. también han atribuido la denuncia a la hostilidad de Justo, quien no ocultaba su desprecio hacia ellos. Guillermo C.L., que se unió a la empresa en 2013, recordó que a partir de su ingreso se generó un conflicto, ya que ocupó el puesto que Justo había querido para su hijo. Esta competencia por un puesto laboral parece haber alimentado el rencor que llevó a Justo a actuar en su contra, según los testimonios presentados.
El caso ha puesto en el centro de la escena la dinámica interna de la empresa y las complejas relaciones entre sus empleados, donde las rivalidades y los resentimientos personales han jugado un papel crucial en el desarrollo de los eventos. A medida que avanza el juicio, las declaraciones continúan y la expectativa acerca de la resolución de este escándalo que involucra a una de las empresas funerarias más reconocidas del país se mantiene en el aire, dejando entrever las tensiones que pueden existir en el ámbito laboral y los efectos que pueden tener en la vida de los trabajadores.


