En Katmandú, capital de Nepal, la tensión social se ha intensificado tras el arresto del ex primer ministro Khadga Prasad Oli, lo que desató violentas protestas por parte de sus seguidores. Este sábado, cientos de militantes del Partido Comunista de Nepal (Marxista-Leninista Unificado, CPN-UML) se enfrentaron a las fuerzas policiales en un intento por exigir la liberación de su líder, quien fue detenido en el marco de una investigación relacionada con la represión de manifestaciones juveniles que tuvieron lugar el año pasado.

Los disturbios comenzaron en horas de la tarde, después de una reunión de emergencia del secretariado del CPN-UML, donde se convocó a una movilización nacional. Los manifestantes, en su mayoría jóvenes, desataron su ira bloqueando calles, incendiando neumáticos y destruyendo divisores viales, mientras la policía trataba de controlar la situación. Este episodio de violencia refleja el profundo descontento que se ha acumulado en el país, especialmente entre los sectores más jóvenes que se sienten traicionados por el actual gobierno.

Además de la liberación de Oli, los protestantes también exigen la renuncia del nuevo ministro del Interior, Sudan Gurung. En una declaración que generó aún más malestar, Gurung justificó los arrestos al afirmar que eran un paso hacia la justicia, desestimando las acusaciones de que su gobierno estaba llevando a cabo una caza de brujas política. Esta postura ha sido vista como provocativa, lo que ha contribuido a la escalada de la violencia en las calles de Katmandú.

Oli y su exministro del Interior, Ramesh Lekhak, fueron detenidos bajo acusaciones de homicidio culposo, en relación con su presunta responsabilidad en la brutal represión de las protestas que dejaron un saldo trágico de 77 muertos durante los días 8 y 9 de septiembre de 2025. Este operativo represivo provocó un fuerte rechazo social y, a la larga, resultó en la caída del gobierno de Oli. La actual situación en Nepal es, por lo tanto, un reflejo de las tensiones políticas no resueltas que han caracterizado al país en los últimos años.

La violencia en las calles de Katmandú representa la primera gran manifestación de descontento contra el nuevo gobierno, que asumió el poder apenas 24 horas antes de estas protestas, cuando el exrapero Balendra Shah juró como primer ministro. Su victoria electoral, impulsada en gran medida por el voto de los jóvenes, ha generado expectativas de cambio y una mayor participación en la política, pero la rápida respuesta represiva del gobierno actual ha sembrado dudas sobre su compromiso con una verdadera democracia.

Es importante resaltar que la situación en Nepal no es un fenómeno aislado; la represión de las protestas y la falta de diálogo político han sido problemáticas recurrentes en la historia reciente del país. Los acontecimientos actuales podrían marcar un punto de inflexión en la relación entre el gobierno y la ciudadanía, especialmente si los jóvenes continúan movilizándose en defensa de sus derechos y en búsqueda de justicia. La comunidad internacional observa con atención el desarrollo de estos acontecimientos, dado que la estabilidad política en Nepal podría tener implicaciones más amplias en la región del sur de Asia.