En agosto del año pasado, el Tribunal Superior de Justicia de Córdoba ratificó las penas impuestas a los implicados en el asesinato de Blas Correas, un caso que conmocionó a la sociedad argentina. Blas, un joven de 17 años, fue víctima de un tiroteo por parte de la policía en agosto de 2020, un hecho que desató una serie de protestas y exigencias de justicia en el país. Entre los condenados se encuentra el cabo Juan Antonio Gatica, quien, junto a su compañero Leandro Alexis Quevedo, recibió una pena de cuatro años de prisión. Ambos debían presentarse en abril para iniciar su condena, pero optaron por escapar y se convirtieron en prófugos de la justicia, lo que generó una intensa búsqueda por parte de las autoridades.
Este miércoles, tras más de un mes de incertidumbre y una orden de captura en su contra, Gatica decidió entregarse. Su presentación ante el tribunal estaba programada para el 22 de abril, donde debía comparecer ante los jueces Marcelo Jaime, Juan Manuel Ugarte y Carlos Palacio Laje. La confirmación de su condena se había producido en diciembre, cuando el Tribunal Superior de Justicia rechazó el recurso extraordinario presentado por su defensa ante la Corte Suprema, dejando así firme la sentencia. Sin embargo, Gatica, al parecer, se declaró en rebeldía, perdiendo contacto con su abogado y eludiendo su responsabilidad ante la justicia.
El caso de Blas Correas se remonta a un evento trágico ocurrido en la noche del 6 de agosto de 2020, cuando el joven regresaba de una cena con amigos. En un confuso episodio que involucró a motociclistas y a la policía, el Fiat Argo en el que viajaban los adolescentes se convirtió en el blanco de un operativo policial. Según el relato de uno de los jóvenes, cuando el conductor del vehículo comenzó a reducir la velocidad, uno de los agentes levantó su arma y apuntó hacia ellos, lo que llevó al conductor a acelerar en un intento de huir de la amenaza.
El testimonio del conductor revela el caos y la confusión del momento: "Lo primero que hice fue bajar la velocidad, pero al ver que el policía me apuntaba, opté por acelerar". En ese instante, los agentes abrieron fuego contra el vehículo, dejando a Blas gravemente herido. Un amigo del joven recordó que no hubo ninguna advertencia antes de los disparos, lo que aumentó la sensación de desamparo y miedo entre los jóvenes. Blas, antes de perder la vida, alcanzó a pronunciar las desgarradoras palabras: "Me dispararon" y "Llévenme a un hospital".
La condena de Gatica y Quevedo no se limita solo al asesinato, sino que también incluye cargos por encubrimiento agravado, ya que se les considera responsables de no actuar conforme a la ley y de intentar ocultar la verdad de lo sucedido aquella noche. Este caso no solo ha dejado una profunda herida en la familia de Blas, sino que ha puesto de manifiesto la creciente preocupación sobre el uso excesivo de la fuerza por parte de las fuerzas de seguridad en Argentina. La sociedad civil ha exigido una reforma integral en las prácticas policiales y un mayor control sobre las acciones de quienes tienen la responsabilidad de proteger a la ciudadanía.
La entrega de Gatica representa un paso hacia la justicia, pero también plantea interrogantes sobre la efectividad del sistema judicial y la seguridad en el país. Las movilizaciones en apoyo a la familia de Blas y en contra de la violencia policial han presionado a las autoridades a actuar, lo que ha llevado a un debate más amplio sobre la impunidad y la necesidad de responsabilidad entre los miembros de las fuerzas de seguridad. A medida que se desarrollan estos acontecimientos, la sociedad argentina observa atentamente, esperando que este trágico episodio no se repita y que se logre una justicia real para Blas Correas y su familia.



