En las últimas semanas, el debate en torno a la 'Ley Brisa' ha cobrado protagonismo en Bolivia, generando una intensa controversia entre diversas organizaciones de derechos humanos, grupos religiosos y sectores civiles. Esta legislación, que busca endurecer las penas por delitos sexuales cometidos contra menores, plantea cambios significativos que han sido objeto de preocupación y discusión en la sociedad boliviana. La propuesta, que se enmarca dentro del proyecto de ley 010, tiene como objetivo incorporar nuevos tipos penales y redefinir aspectos fundamentales relacionados con el consentimiento y la protección de los niños y adolescentes.
La 'Ley Brisa' se originó a raíz de la sentencia que emitió en 2023 la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) en favor de Brisa de Angulo Lozada, una activista que denunció haber sido víctima de abusos sexuales en su adolescencia. Tras un largo proceso judicial que expuso las deficiencias del sistema legal boliviano, la CorteIDH determinó que el Estado había discriminado a la denunciante y la había revictimizado. En este contexto, la ley busca responder a las recomendaciones del tribunal, incorporando la violación incestuosa como un delito específico y redefiniendo el concepto de consentimiento en los casos de abuso sexual.
El proyecto propone eliminar el delito de estupro y reemplazarlo con una figura penal más severa, que considera como violación a infantes, niños y adolescentes los abusos perpetrados por adultos. La sanción actual, que oscila entre tres y seis años de prisión, se elevaría a un rango de 10 a 20 años, y hasta 25 años si se emplea violencia física. Esta modificación busca no solo aumentar las penas, sino también reconocer la gravedad de los delitos que se cometen dentro del círculo familiar, donde, según datos del Observatorio de Seguridad Ciudadana, el 43% de las violaciones a menores ocurren en el hogar.
Otro aspecto relevante de la propuesta es la ampliación de la protección a víctimas hasta los 18 años, en lugar de limitarla a los menores de 14. Esta decisión responde a la necesidad de abordar la vulnerabilidad de los jóvenes en situaciones de riesgo, reforzando así el compromiso del Estado por garantizar la seguridad y bienestar de todos los menores de edad. La secretaria técnica de la Comunidad de Derechos Humanos, Mónica Bayá, ha señalado que el tratamiento de esta norma se ha visto obstaculizado por lo que ella describe como una “campaña de desinformación”, que sostiene que la ley atenta contra la familia.
El debate sobre la 'Ley Brisa' no se limita únicamente a las reformas penales propuestas, sino que también refleja una lucha más amplia por los derechos de las mujeres y la infancia en Bolivia. La resistencia de algunos sectores a aceptar estos cambios pone de manifiesto la persistencia de prejuicios y estigmas en torno a la violencia de género y el abuso sexual. En este sentido, la ley se presenta como una herramienta necesaria para transformar la cultura de silencio y complicidad que rodea a estos delitos.
La aprobación de la 'Ley Brisa' podría marcar un hito en la lucha contra la violencia sexual en Bolivia, pero también plantea interrogantes sobre su implementación y el impacto real en la protección de los menores. La discusión en torno a la ley debe continuar, no solo para asegurar su aprobación, sino para garantizar que se establezcan mecanismos efectivos que permitan su ejecución. A medida que se intensifican los debates, queda en manos de la sociedad civil y de los legisladores trabajar en conjunto para lograr un marco legal que realmente proteja a los más vulnerables y promueva la justicia en casos de abuso sexual.



