Las fuerzas de seguridad de Nigeria han conseguido neutralizar a más de 13.000 terroristas durante 2025, según lo anunciado por el presidente Bola Ahmed Tinubu en un reciente discurso televisado. Esta declaración fue realizada en el contexto de las celebraciones por el Día de la Democracia en el país y marca un hito significativo en la lucha contra el terrorismo en la región. Las operaciones han sido parte de una estrategia más amplia destinada a desarticular las estructuras operativas de grupos yihadistas que han venido desafiando a las autoridades locales durante años.
Tinubu destacó que las acciones militares han permitido desmantelar el centro de mando del grupo Estado Islámico de la Provincia de África Occidental (ISWAP) en Arege, una localidad del estado de Borno, ubicado en el noreste del país. Este avance es crucial, ya que Borno ha sido uno de los epicentros del conflicto yihadista, donde la violencia ha causado miles de muertes y desplazamientos forzados desde el inicio del conflicto en la región. Además, el presidente señaló que estas operaciones han llevado a una reducción del 81% en las muertes relacionadas con el terrorismo desde 2015, lo que refleja un progreso significativo en la seguridad pública.
El presidente nigeriano también hizo hincapié en la importancia de las rendiciones de los combatientes. Más de 124.000 individuos han dejado las armas desde 2023 como parte de la Operación Corredor Seguro, una iniciativa que busca reintegrar a los excombatientes en la sociedad. Tinubu instó a los bandidos, secuestradores y patrocinadores del terrorismo a rendirse, advirtiendo que quienes opten por continuar con sus actividades delictivas enfrentarán las severas consecuencias de la ley. Esta estrategia de rendición plantea un enfoque más humano en la lucha contra el terrorismo, aunque también ha generado debates sobre su efectividad y las posibles implicancias en la seguridad a largo plazo.
Además de sus advertencias, Tinubu pidió a la población nigeriana evitar la búsqueda de culpables entre diferentes grupos étnicos y abogó por la unidad nacional ante los desafíos que enfrenta el país. En un contexto donde la diversidad étnica puede ser un factor de tensión, el presidente enfatizó que los verdaderos enemigos son aquellos que amenazan la seguridad y la estabilidad de la nación. "Una democracia sin seguridad no es lo suficientemente fuerte", subrayó, reflejando la interrelación entre la seguridad y la gobernabilidad.
Como respuesta a la creciente violencia, el gobierno ha declarado el estado de emergencia y ha aprobado la incorporación de más de 50.000 nuevos policías, así como miles de reclutas militares. Este aumento en la fuerza de seguridad es parte de un esfuerzo por hacer frente a la creciente inseguridad, que ha sido alimentada por bandas criminales que operan en el centro y noroeste del país. Estas bandas, conocidas como bandidos, son responsables de asaltos y secuestros masivos, lo que ha llevado a las autoridades a clasificarlas a veces como terroristas.
La situación de seguridad en Nigeria es compleja y ha sido agravada por la actividad del grupo Boko Haram desde 2009. La violencia ha escalado desde 2016 con la aparición de ISWAP, lo que ha llevado a un ciclo de respuesta militar y desestabilización en la región. También ha surgido un nuevo grupo, el Lakurawa, que supuestamente mantiene vínculos con la organización terrorista Estado Islámico-Provincia del Sahel (ISSP), y que ha llevado a cabo ataques en diversos estados, como Kebbi y Sokoto. La lucha contra el terrorismo en Nigeria es, sin duda, un desafío que requiere no solo de acciones militares, sino también de un enfoque integral que aborde las raíces del conflicto.



