César Morán de la Cruz, conocido como “El Loco César”, mantiene desde hace más de dos décadas una fuerte influencia en la Villa 31, ubicada en el barrio porteño de Retiro, a unos 15 minutos del Obelisco. Aunque no tiene la repercusión pública de Ariel “El Guille” Cantero, líder de Los Monos, ni la popularidad de Marco Estrada González, alias “Marco”, referente de la 1-11-14, es considerado uno de los jefes narcos más temidos de la Argentina. Su perfil fue definido con una frase contundente: “Mata por gusto”.

Morán de la Cruz permanece detenido desde 2012, pero su encarcelamiento no habría impedido que conservara el control sobre su estructura. A lo largo de los años pasó por los complejos penitenciarios de Marcos Paz, Chaco y Rawson, además de permanecer durante varios años en la cárcel de Devoto. Ninguno de esos traslados logró frenar, según la investigación, la continuidad de su influencia sobre la organización que opera en el asentamiento de Retiro.

Actualmente, el acusado ocupa una plaza en la cárcel de Ezeiza, bajo el Sistema de Alto Riesgo del Servicio Penitenciario Federal. Ese régimen contempla aislamiento riguroso, controles estrictos sobre las comunicaciones y monitoreo tecnológico permanente. Sin embargo, de acuerdo con la pesquisa del juzgado de María Servini, Morán de la Cruz habría logrado transmitir órdenes a la red narco mediante llamadas telefónicas con sus abogados, habilitadas por su derecho a la defensa.

La vigencia de su estructura quedó expuesta en el último operativo de la Policía Federal Argentina contra la organización. Durante el procedimiento fueron detenidos “Jhimy”, señalado como uno de sus gerentes, y “El Mecánico”, sindicado como el presunto jefe de sicarios de la banda. El operativo volvió a poner bajo la lupa la capacidad de “El Loco César” para sostener su poder desde prisión y conservar el control de una organización con presencia en la Villa 31.