Cintia Zabalo, hoy de 41 años, lleva consigo un pasado marcado por el dolor y la violencia. A la edad de ocho años, fue testigo de un trágico suceso que cambiaría su vida para siempre. Su padre llegó a casa un día con un bolso verde, prometiendo que traía algo para su madre. Sin embargo, en cuestión de minutos, la situación se tornó violenta y culminó en el asesinato de su esposa y el suicidio del padre de Cintia. Este femicidio no solo significó la pérdida de su madre, sino que también abrió la puerta a una serie de desafíos que marcarían su existencia.
El impacto de esta tragedia fue devastador. Cintia no solo tuvo que lidiar con el trauma de perder a su madre de manera tan brutal, sino que también se enfrentó a un entorno hostil, donde el desarraigo, los abusos y el silencio se convirtieron en constantes. A lo largo de los años, experimentó problemas de salud, incluyendo la obesidad, y fue hospitalizada en varias ocasiones. Su vida se convirtió en una lucha diaria por encontrar un sentido de normalidad, mientras intentaba reconstruir su identidad y sanar las heridas del pasado.
A pesar de los obstáculos, Cintia logró encontrar su camino. Hoy se desempeña como profesora en Navarro y es madre de dos hijas, Ale y Luz María. Ha construido la familia que siempre anheló, un espacio donde el amor y la comprensión priman sobre los recuerdos dolorosos. Su historia personal, marcada por la resiliencia, ha sido recopilada en su libro titulado "Cicatrices que hablan", donde decide compartir su experiencia de vida con el objetivo de sanar y empoderar a otras personas que han atravesado situaciones similares.
La creación de este libro no fue solo un acto de catarsis personal, sino también un intento de dar voz a su madre y a todas las víctimas de violencia de género que, como ella, merecen ser escuchadas. Cintia expresa con claridad que su intención no es buscar lástima, sino crear conciencia y fomentar la justicia social. A través de su narrativa, busca desmantelar el silencio que rodea estos temas y ofrecer una perspectiva de esperanza y superación.
En una reciente conversación, Cintia aborda su relación con los recuerdos de su infancia. Reconoce que, aunque la mayoría de sus recuerdos son tristes y llenos de violencia, también hay momentos de felicidad que, a pesar de todo, permanecen en su memoria. Habla con nostalgia de las pequeñas alegrías que compartió con su padre y su madre, momentos que contrastan con la tragedia que vivió. Esta dualidad en sus recuerdos ha sido parte de su proceso de sanación, permitiéndole reconciliarse con su pasado.
Uno de los momentos más significativos en su proceso de perdón ocurrió en el nacimiento de su primer hijo. Cintia comparte que, mientras estaba en trabajo de parto, sintió la presencia de sus padres acompañándola. Esta experiencia le permitió finalmente perdonar a su padre, un acto que describe como liberador y sanador. "No soy lo que me pasó. Soy lo que elijo ser", afirma con determinación, reafirmando su compromiso de transformar el dolor en un mensaje de fortaleza para otros.
Cintia Zabalo es un ejemplo de resiliencia y fortaleza. Su historia, plasmada en "Cicatrices que hablan", no solo es un relato personal, sino un llamado a la acción para que la sociedad tome conciencia sobre la violencia de género y sus consecuencias. A medida que comparte su experiencia, Cintia inspira a otros a buscar su propia sanación y a no dejarse definir por las circunstancias adversas de su vida.



