La finca de Sandringham, un refugio tradicional para la familia real británica, se vio sacudida por la llegada de la policía en la mañana del jueves. Andrés Mountbatten-Windsor, hermano del rey Carlos III, fue arrestado bajo la acusación de haber compartido información confidencial del gobierno con Jeffrey Epstein, un delincuente sexual condenado. La detención se produce en un contexto delicado para la familia real, que busca distanciarse de los escándalos que han manchado su imagen.

Andrés, quien ha perdido su título y fue desplazado de su residencia habitual, fue fotografiado dejando la finca en un vehículo negro, rodeado de medios de comunicación. Este evento marca un hito en la historia de la realeza británica; no se registraba una detención de un miembro de la familia real desde hace casi cuatro siglos. La situación actual representa un desafío significativo para la autoridad moral de la monarquía, que enfrenta una crisis de confianza en la opinión pública.

La investigación en curso sobre las acciones de Andrés podría extenderse durante semanas o incluso meses, generando un espectáculo mediático que rivalizaría con las ceremonias reales más importantes. Si se presentan cargos, serían formalmente en nombre del rey, lo que añade una capa de complejidad al caso. A pesar de las negativas de Andrés respecto a las acusaciones de abuso sexual, la falta de transparencia por parte de la familia real ha intensificado la crítica pública. Historiadores sugieren que esta situación podría tener repercusiones duraderas en la percepción de la monarquía en el Reino Unido.