Autoridades mexicanas comenzaron a analizar restos humanos encontrados en una veintena de bolsas que podrían estar relacionados con la desaparición de los 43 estudiantes de magisterio de Ayotzinapa, ocurrida en septiembre de 2014. El material había quedado fuera de las líneas principales de investigación y ahora es revisado por un equipo de especialistas forenses de la Fiscalía General de la República (FGR).
Las bolsas fueron localizadas en el basurero de Cocula y en el río San Joaquín, en el estado de Guerrero. Según la información disponible, los restos habían sido expuestos a altas temperaturas y luego trasladados a la funeraria El Ángel, ubicada en Iguala. El establecimiento contaba con tres hornos crematorios, uno de ellos clandestino y sin registro oficial.
Fuentes de la FGR indicaron que estos restos no habían sido considerados hasta ahora en las pesquisas, por lo que su análisis podría modificar aspectos centrales de la investigación. El material había estado a la vista de los expertos del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), organismo que cuestionó la primera versión oficial sobre lo ocurrido.
Los 43 jóvenes desaparecieron el 26 de septiembre de 2014, después de ser perseguidos a tiros y detenidos por policías. Según la investigación, los agentes los entregaron al grupo criminal Guerreros Unidos, aunque las causas de esa entrega nunca fueron esclarecidas. Durante el gobierno de Enrique Peña Nieto se sostuvo la denominada “verdad histórica”, que atribuía los asesinatos a esa organización criminal.



