En la noche del domingo, un vuelo de Air Canada que aterrizaba en el aeropuerto de LaGuardia se vio envuelto en un accidente trágico al colisionar con un camión de bomberos. El impacto dejó un saldo devastador, con la pérdida de ambos pilotos y numerosos pasajeros heridos, lo que ha generado una ola de conmoción en la comunidad aeronáutica y entre quienes viajaban en el avión en ese fatídico momento. Entre los pasajeros, se encontraba Rebecca Liquori, una enfermera de 35 años, quien compartió su experiencia aterradora durante los momentos previos y posteriores al choque.

Liquori, que ocupaba el asiento 19A junto a una salida de emergencia, recordó cómo su vuelo había transcurrido sin contratiempos hasta que el piloto comenzó a descender. En ese instante, un sonido ensordecedor llenó la cabina, ya que la tripulación intentaba frenar el avión para evitar el impacto. “Era un ruido nunca antes escuchado, como un rechinar”, relató. Este aterrizaje, que se tornó cada vez más complicado, culminó en un estremecimiento violento cuando el avión finalmente tocó tierra, llevándolos a una situación caótica.

La experiencia de Liquori se tornó aún más angustiosa cuando, tras el impacto, se dio cuenta de las heridas en otros pasajeros a su alrededor. Sin recibir instrucciones claras de la tripulación, ya que la asistente de vuelo fue expulsada del avión durante la colisión, ella tomó la decisión de abrir una de las puertas de emergencia. “Hice lo que nos habían indicado al inicio del vuelo”, explicó, añadiendo que su temor a un posible incendio motivó su acción inmediata. A pesar del pánico, logró evacuar junto a otros pasajeros.

La asistente de vuelo afectada, Solange Tremblay, fue despedida de su asiento debido al impacto y, según su hija, sufrió una fractura en una pierna que requerirá cirugía, aunque no se reportaron lesiones de gravedad adicionales. La situación subraya los riesgos inherentes a la labor de la tripulación en vuelos comerciales, donde cada segundo cuenta y las decisiones deben tomarse bajo presión extrema.

Por otro lado, las autoridades han informado que el avión, un CRJ-900, no contaba con toboganes de emergencia. Según Nathalie Scott, vocera de Mitsubishi Heavy Industries, esto se debe a que la altura de las puertas permite que los pasajeros salgan de manera segura sin necesidad de estos mecanismos. En su lugar, los evacuados optaron por treparse a las alas del avión y saltar hacia la pista, una maniobra que podría haber resultado peligrosa si no se hubiera llevado a cabo con rapidez y calma.

Este accidente ha llevado a un cierre temporal del aeropuerto de LaGuardia, uno de los más concurridos de la región, lo que ha generado un efecto dominó en los vuelos programados y la logística de transporte en general. Las investigaciones sobre las causas del accidente ya están en marcha, y se espera que se realicen auditorías exhaustivas sobre la seguridad operacional y el entrenamiento de la tripulación en situaciones de emergencia.

Mientras tanto, los testimonios de los pasajeros como Liquori destacan la valentía y la capacidad de reacción de quienes se encontraban a bordo. Además de lamentar la pérdida de los pilotos, muchos consideran que su actuación fue heroica, ya que intentaron evitar un desenlace aún más trágico. Esta experiencia ha dejado una huella imborrable en los sobrevivientes, que ahora reflexionan sobre la fragilidad de la vida y la importancia de la preparación ante situaciones críticas.