Marchand Dessalines, Haití - En la madrugada del 29 de marzo, la tranquilidad de la localidad de Pont Sondé se vio interrumpida por la brutal incursión de bandas armadas, dejando un saldo trágico de aproximadamente 70 muertos y decenas de heridos. Bazeline Pierre, una de las pocas sobrevivientes de esta masacre, compartió su angustiante experiencia. "Los hombres armados llegaron a la entrada de mi hogar sin que tuviéramos tiempo de reaccionar. Afortunadamente, logré escapar", relató Pierre, quien se encuentra actualmente en un refugio improvisado junto a otros desplazados.

Este ataque, atribuido al grupo criminal conocido como Gran Grif, provocó que más de 6,000 personas abandonaran sus hogares en busca de seguridad. Pierre narró que, tras el ataque, muchos se refugiaron en localidades cercanas, pero la violencia continuó. "Los delincuentes llegaron y mataron a más gente", explicó con la voz entrecortada, mientras recordaba los momentos de terror vividos aquella noche fatídica.

La masacre fue precedida por una serie de bloqueos en las carreteras por parte del grupo armado, lo que impidió la intervención de la policía y dejó a la población vulnerada ante la violencia. Un joven, que prefirió permanecer en el anonimato, expresó su desesperación al no saber el paradero de su pareja e hijo, quienes se dispersaron en medio del caos. "Intento contactarlos, pero no tengo éxito. No sé si están vivos", lamentó.

En medio de esta crisis humanitaria, los sobrevivientes se enfrentan a condiciones extremas. Muchos han encontrado refugio en montañas y escuelas, pero carecen de lo básico: alimentos, agua potable y abrigo. "La situación es insostenible. Dormimos sobre las rocas, no hay nada para protegernos del frío nocturno", añadió Pierre, quien describió un entorno donde la intimidad es un lujo imposible.

Amina Daleften, otra afectada por la violencia, relató cómo su hogar fue consumido por las llamas. Con sus tres hijos, uno de ellos un bebé, huyó mientras los disparos resonaban a su alrededor. "Tuvimos que buscar refugio en Kay Ogé, pero aún nos dicen que las bandas se acercan. Nos vemos obligados a escalar colinas para escapar", describió con preocupación.

La desesperación crece entre los desplazados, quienes claman por la intervención de las autoridades. "Necesitamos que tomen en serio nuestra situación y actúen para protegernos", exigió Daleften, mientras la comunidad internacional observa con inquietud la escalada de violencia en Haití. La crisis no solo se traduce en pérdidas humanas, sino también en el colapso de la cohesión social y el tejido comunitario, dejando a miles en una condición de precariedad alarmante.

El país caribeño afronta un momento crítico, donde la combinación de inseguridad, pobreza y falta de respuestas institucionales agrava la situación. Con un futuro incierto y la necesidad urgente de asistencia humanitaria, los haitianos se encuentran una vez más en la lucha por sobrevivir en medio de la adversidad y el horror.