La noche del 26 de febrero de 2012, en Sanford, Florida, un disparo interrumpió la tranquilidad de la oscuridad. Trayvon Martin, un adolescente de 17 años, regresaba a la casa donde se alojaba con su padre tras comprar golosinas y una bebida en un kiosco cercano. Vestía una campera con capucha y hablaba por teléfono, pero su camino se detuvo abruptamente cuando fue interceptado por un vigilador privado que lo consideró "sospechoso".
George Zimmerman, el vigilador, realizó una llamada al 911 en la que describió a Trayvon y fue advertido por el operador de no seguirlo. Sin embargo, desoyó la recomendación y, poco después, se produjo un altercado que culminó con el disparo mortal. La defensa de Zimmerman se basó en alegaciones de legítima defensa, y su absolución en 2013 generó un gran descontento y un sentido de injusticia en la sociedad.
El caso de Trayvon Martin despertó una ola de protestas a nivel nacional, convirtiéndolo en un emblema de la lucha contra el racismo y las desigualdades en el sistema judicial. Su historia no solo resaltó el problema de los prejuicios raciales, sino que también propició un debate crucial sobre el uso de la fuerza y la percepción de la seguridad en Estados Unidos. Trayvon fue recordado no solo por su trágico destino, sino también por sus sueños de convertirse en piloto o ingeniero, reflejando la promesa de una vida que nunca tuvo la oportunidad de cumplir.



