En un giro inesperado, el caso de la desaparición de Etan Patz, un niño que se esfumó en el barrio neoyorquino de SoHo en 1979, podría enfrentar un nuevo capítulo. Si el 1° de junio no se inicia el juicio en Nueva York contra Pedro Hernández, el hombre acusado de su secuestro y asesinato, quedará en libertad tras más de una década de prisión. La jueza Colleen McMahon ha descrito esta situación como una “saga que se ha prolongado por casi medio siglo”, subrayando la complejidad y el impacto del caso en la sociedad estadounidense.
Etan, quien tenía apenas seis años al momento de su desaparición, se convirtió en un símbolo en la lucha por la protección de los menores en Estados Unidos. Su historia no solo resonó a nivel nacional, sino que también transformó las estrategias de búsqueda de niños desaparecidos. De hecho, el 25 de mayo, fecha en la que Etan perdió la vida, fue designado como el Día Nacional de los Niños Desaparecidos por el Congreso, un recordatorio constante de la importancia de la seguridad infantil. Además, su imagen fue la primera en aparecer en las campañas de “foto en un cartón de leche”, una iniciativa que comenzó en los años 80 para ayudar a localizar a niños perdidos.
Pedro Hernández ha sido el principal sospechoso desde el inicio de la investigación, enfrentándose a dos juicios anteriores. En 2012, el jurado no logró llegar a un veredicto claro, lo que generó una prolongada incertidumbre. Sin embargo, en 2017, fue declarado culpable de secuestro y asesinato, siendo condenado a cadena perpetua. Este juicio se basó en confesiones de Hernández, quien presenta un historial de problemas mentales y un coeficiente intelectual por debajo del promedio, elementos que han suscitado dudas sobre la validez de su condena.
A inicios del año pasado, la situación dio un giro cuando un tribunal de apelaciones determinó que Hernández había sido condenado injustamente. Se ordenó su liberación o un nuevo juicio, que debe realizarse antes del 1° de junio. Esta decisión ha generado un amplio debate sobre la justicia penal y la necesidad de revisar los casos en los que hay indicios de irregularidades. En noviembre de 2025, la fiscalía de Manhattan anunció que continuaría con el caso, reiterando que contaba con pruebas suficientes para seguir adelante con el procesamiento por homicidio en segundo grado y secuestro en primer grado.
El día en que Etan desapareció, un viernes de mayo de 1979, sus padres le permitieron caminar solo hacia la parada del micro escolar por primera vez. El trayecto desde su casa, ubicada en el número 113 de Prince Street, hasta la parada en West Broadway era breve, pero para su familia se convirtió en un recorrido trágico. Vestido con una gorra de piloto y un abrigo azul, Etan no llegó a abordar el micro, lo que desencadenó una búsqueda masiva que capturó la atención de los medios y de la comunidad.
El impacto de la desaparición de Etan fue profundo, no solo para su familia, sino también para la sociedad en general. La cobertura mediática del caso y las campañas de concientización que surgieron a raíz de su historia promovieron un cambio en la manera en que se abordaban los casos de menores desaparecidos. A lo largo de los años, la historia de Etan ha sido recordada como un llamado a la acción, resaltando la importancia de la protección infantil y la necesidad de garantizar que cada niño tenga el derecho a la seguridad y a un entorno seguro. A medida que se aproxima la fecha límite para decidir el futuro de Hernández, la historia de Etan sigue resonando, invitando a la reflexión sobre la justicia y la memoria de los niños desaparecidos.



