El método de loci, también conocido como “palacio de la memoria”, es una estrategia mnemotécnica que permite recordar información al ubicarla mentalmente en un espacio conocido. La casa de la infancia puede funcionar como escenario: una persona puede imaginar un paquete de fideos sobre la mesa del living, hamburguesas encima de la máquina de coser de su abuela y un chocolate sobre un cubrecamas de Los Simpson. Luego, al recorrer esa casa en su imaginación, recupera cada objeto y, con él, los elementos de la lista que quería memorizar.
Pero si se tratara de organizar todos los rencores, la estructura elegida no sería una casa ni un palacio. Sería una prisión, similar a la que aloja al asesino caníbal Hannibal Lecter en El silencio de los inocentes, una película vista muchas veces. El edificio tendría pisos de cemento alisado, paredes gruesas de ladrillos rústicos y celdas luminosas, separadas no por barrotes sino por pesados paneles de vidrio. Cada persona encerrada allí quedaría asociada con la razón por la que fue confinada.
En la planta baja habría un pabellón de mínima seguridad, reservado para delitos menores y contravenciones. Allí estaría, entre otros, un colega vago y deshonesto que, cuando comenzaba a trabajar en el periodismo, le encargaba notas y coberturas en distintos puntos de la Ciudad para luego firmarlas como propias. En la lógica de ese presidio imaginario, el Código Penal no hace diferencias por sexo ni edad.



