La ex custodia del clan Sena, María Magdalena Machado, conocida popularmente como "La Pistolera", fue condenada a seis años de prisión efectiva tras un incidente armado ocurrido en Resistencia, Chaco. La sentencia fue dictada por la jueza Dolly Fernández en la Cámara Segunda en lo Criminal, donde la acusada escuchó el veredicto con una sonrisa, a pesar de la gravedad de las acusaciones en su contra. Este fallo, que se dictó el pasado martes, se produce en un contexto de creciente preocupación por la violencia armada en la región y el uso de armas en conflictos personales.
Machado fue hallada culpable de varios delitos, entre ellos la portación ilegal de un arma de guerra, el abuso de armas en grado de tentativa y el atentado contra la autoridad, agravado por el uso de un arma de fuego. La fiscalía había solicitado una pena de siete años, mientras que la querella había pedido diez. Sin embargo, la defensa argumentó a favor de una reducción de la calificación del delito y solicitó una pena mínima de dos años y medio, apelando a la situación familiar de la acusada, quien es madre de cuatro hijos.
En sus últimas palabras ante el tribunal, Machado hizo un llamado a la compasión, pidiendo una segunda oportunidad para poder reintegrarse a la sociedad y estar con sus hijos. "Es lo único que pido", expresó, buscando conmover a los jueces con su súplica. Sin embargo, su ruego no alteró la decisión del tribunal, que consideró que las circunstancias del caso eran suficientemente graves como para justificar la condena impuesta.
El episodio que dio lugar a su condena ocurrió el 16 de agosto de 2023, cuando el comisario Osvaldo Fabián Verón intentó detener a Leonardo Fabián Núñez, pareja de Machado, quien tenía un pedido de captura por un caso de abuso de armas. Según el relato de los hechos, cuando Verón se identificó como policía, Machado sacó una pistola del tipo Bersa Thunder Pro, apuntó al comisario y gatilló en dos ocasiones, aunque el arma no llegó a disparar.
Durante las audiencias, el comisario Verón describió la situación tensa, señalando que la distancia entre él y Machado no superaba los tres metros y que ella apuntó hacia su torso y cabeza. “Gatillaba, gatillaba, gatillaba, el arma hacía clic, clic, clic y no salían los disparos”, relató Verón, evidenciando el peligro inminente que enfrentó en ese momento. Como respuesta, el comisario disparó al suelo en un intento de disuasión, mientras Machado intentó deshacerse del arma y darse a la fuga, aunque fue detenida rápidamente por Verón y un colega.
La defensa de Machado, encabezada por el abogado Ricardo Osuna, anticipó que apelará la sentencia y solicitará la prisión domiciliaria, argumentando razones de salud y la necesidad de resguardar a sus hijos. La situación de la mujer ha generado un debate sobre el uso de armas en el ámbito familiar y los riesgos que esto representa, especialmente en contextos donde la violencia se ha normalizado. La condena de Machado subraya la preocupación por el incremento de la criminalidad en la región y la necesidad de un enfoque más riguroso para abordar estos temas.
Este caso ha puesto de manifiesto la complejidad de las dinámicas familiares en el contexto del crimen organizado y la violencia, donde las mujeres a menudo quedan atrapadas en situaciones peligrosas. La sentencia no solo marca un precedente en la lucha contra la violencia armada, sino que también plantea interrogantes sobre el futuro de quienes, como Machado, buscan redención en medio de circunstancias adversas. La sociedad deberá reflexionar sobre cómo abordar estos problemas de fondo, que afectan no solo a los involucrados, sino también a la comunidad en su conjunto.


