Tras cuatro años del primer gobierno de izquierda de la historia de Colombia, una mayoría de ciudadanos resolvió avanzar en sentido contrario, en un contexto marcado por la incertidumbre fiscal, el deterioro de la seguridad y las tensiones entre los distintos poderes públicos.
Abelardo de la Espriella asumió el mandato con varios problemas que, según el planteo, ya no admitían demoras. A esas dificultades se sumó el reciente terremoto de magnitud 7,4 registrado en el oeste del país. La economía requiere estabilidad y reglas claras para alentar la inversión y la creación de empleo, mientras que el sector empresario reclama confianza para producir y generar oportunidades.
A su vez, los trabajadores esperan una mejora en sus condiciones de vida y los jóvenes buscan un futuro que les permita desarrollar sus proyectos sin verse obligados a abandonar sus lugares de origen. Las regiones también demandan una mayor atención del Estado y una presencia institucional efectiva.
Durante su mensaje inaugural, De la Espriella anticipó que buscará recuperar instituciones que, de acuerdo con el diagnóstico expuesto, fueron debilitadas y en algunos casos atacadas desde la propia conducción del Estado. En ese marco, el reconocimiento otorgado a las Fuerzas Militares y a la Policía fue presentado como una señal de prioridad: restablecer la seguridad como condición para la libertad, la inversión, el desarrollo y la convivencia. El desafío central será enfrentar a las organizaciones criminales y recuperar la seguridad en todo el territorio.



