El 26 de febrero de 2006, Paulina Lebbos, de 23 años, salió a celebrar la aprobación de una materia en un boliche de San Miguel de Tucumán, sin imaginar que aquella sería su última noche. Desde entonces, su padre, Alberto Lebbos, ha luchado incansablemente por justicia tras la tortura y muerte de su hija, asegurando que el caso permanece estancado debido a maniobras de encubrimiento por parte de las autoridades.

Esa fatídica noche, Paulina asistió al boliche “Gitana” y, tras salir, tomó un remis con su amiga Virginia Mercado. Mientras Mercado sostiene que regresó a su hogar, Paulina se dirigía a la casa de su expareja. Sin embargo, a medida que avanzaba la investigación, se descubrió que Mercado había ocultado información, lo que llevó a su imputación por encubrimiento agravado. En una reciente audiencia, a pesar de conectarse de forma virtual debido a una supuesta enfermedad, Mercado se encontró con Alberto Lebbos, quien le pidió que revelara la verdad sobre lo sucedido esa noche.

En el marco del 20º aniversario del crimen, Alberto Lebbos expresó su frustración por la falta de avances en el caso, calificando la situación como una “catástrofe jurídica”. A pesar de que los principales sospechosos, Víctor César Soto y Sergio Hernán Kaleñuk, están próximos a ser juzgados, Alberto teme que el juicio programado para el 2 de marzo se posponga debido a un cambio de fiscal. Además, denunció que uno de los funcionarios implicados, Raúl Antonio Ferreira, quien había sido acusado de falso testimonio, fue sobreseído por el juez Raúl Cardozo, lo que intensifica su sensación de impotencia ante una estructura de impunidad que, según él, sigue operando en las sombras.