Zamora, ubicada en Castilla y León, se destaca como la ciudad con la mayor cantidad de iglesias románicas a nivel mundial, un hecho que muchos viajeros aún desconocen. Reconocida como Conjunto Histórico-Artístico, esta capital de provincia alberga 24 templos románicos, dos palacios y un castillo, convirtiéndola en un destino ideal tanto para los amantes de la historia y el arte como para quienes buscan un lugar auténtico y tranquilo para explorar.
Al llegar a Zamora, el visitante se siente transportado a otra época. Su arquitectura medieval se asienta sobre una colina junto al río Duero, donde las iglesias, torres y murallas se integran de manera natural en el paisaje. Su casco histórico invita a recorrerlo sin apuros, ya que la mayoría de las iglesias se encuentran a corta distancia entre sí. Construidas entre los siglos XI y XIII, estas edificaciones reflejan la importancia estratégica que tuvo Zamora en la frontera de los reinos cristianos y Al-Ándalus, convirtiendo sus calles en un auténtico museo al aire libre, lleno de historias.
Lo que distingue a Zamora de otros destinos turísticos es que su patrimonio no es solo un atractivo visual, sino parte integral de la vida cotidiana de sus habitantes. Las iglesias y los palacios se mantienen en uso y no son meros monumentos. Entre las joyas arquitectónicas se encuentran la Catedral de Zamora, célebre por su cúpula bizantina, y las iglesias de San Claudio de Olivares, Santiago del Burgo y San Cipriano, cada una con su singularidad. La posibilidad de visitar estos templos sin necesidad de guías, así como la cercanía entre ellos, permite disfrutar de un recorrido cómodo y enriquecedor en un fin de semana.
Además de su impresionante legado románico, Zamora ofrece otros atractivos como su castillo, que se alza majestuoso y brinda vistas panorámicas del Duero y el casco antiguo. Los palacios, como los de los Condes de Alba y Aliste, hoy Parador Nacional, y el Palacio de los Momos, reflejan la riqueza histórica de la ciudad, que va más allá de la Edad Media y que espera ser descubierta por aquellos que la visitan.



