Durante casi una década, Lauren Bonilla enfrentó un sufrimiento incapacitante del que nadie podía darle explicación. "Sentía como si me atravesaran cuchillos en la espalda", relata. Su caminar se volvió complicado, sufrió problemas de sueño y su cuerpo dejó de responder con normalidad. En su intento de recuperar el control sobre sus movimientos, llegó a consumir hasta 24 pastillas de levodopa al día.
Sin un diagnóstico claro durante años, Lauren fue testigo del progresivo deterioro de su movilidad. "Veía cómo mi cuerpo se apagaba poco a poco", expresa. Al recibir finalmente la confirmación de que padecía Parkinson, la enfermedad ya había avanzado lo suficiente como para afectar su independencia y calidad de vida.
Sin embargo, lo que parecía ser el final de su historia se convirtió en el comienzo de una nueva etapa. La estimulación cerebral profunda representa una transformación radical. "Pasé de una vida llena de limitaciones a recuperar mi autonomía. Ahora puedo caminar, lavarme los dientes y volver al gimnasio. No es solo un tratamiento; es la vida que creí que había perdido", afirma con emoción. Esta intervención quirúrgica avanzada ha posicionado a Costa Rica como líder en Centroamérica en el uso de esta tecnología para tratar el Parkinson.



