El presidente Donald Trump ha implementado cambios significativos en las políticas migratorias que, aunque buscan fomentar una "fuerza laboral 100% estadounidense", parecen contradecirse con la realidad del sector agrícola. Ante la creciente escasez de mano de obra en el campo, en parte provocada por sus propias redadas migratorias, la administración ha decidido facilitar la contratación de trabajadores extranjeros temporales, en su mayoría provenientes de México.
El programa de visas H-2A, diseñado para cubrir la demanda de empleo agrícola estacional, ha experimentado un aumento notable en las últimas dos décadas. De 50 mil puestos certificados en 2005, se espera que esta cifra alcance casi 400 mil para 2025, con un predominante ingreso de trabajadores mexicanos. Un estudio reciente de la Oficina Agrícola de California y la Universidad Estatal de Michigan indica que más del 14% de los agricultores han señalado una escasez de mano de obra vinculada a las redadas migratorias, cifra que se eleva al 20% en cultivos intensivos como frutas y verduras.
El Departamento de Trabajo de Estados Unidos también ha reconocido las dificultades que enfrenta el sector para encontrar trabajadores. La paralización en la llegada de migrantes indocumentados, sumada a la escasez de mano de obra legal, está alterando los costos de producción y poniendo en riesgo la estabilidad del suministro alimentario, lo cual afecta de manera directa a los consumidores estadounidenses. Sin embargo, los cambios en el programa H-2A no solo facilitan el acceso a las visas, sino que también implican recortes salariales significativos, con reducciones que oscilan entre 1 y 7 dólares por hora, lo que podría representar cerca de 2,000 millones de dólares en pérdidas anuales para los trabajadores temporales.
La situación ha afectado a muchos trabajadores, como es el caso de María, una agricultora mexicana con casi 30 años de experiencia, quien ha visto cómo su salario podría caer de 17 a 11 dólares la hora. Para compensar esta pérdida, ha comenzado a vender tamales. Además, su hijo de 17 años, que buscaba trabajo en el campo, se encontró con que ya no eran necesarios jóvenes en su puesto, dado el aumento de trabajadores H-2A. Este debate tiene repercusiones directas para miles de mexicanos que anualmente solicitan visas H-2A o laboran de manera indocumentada en EE.UU., ya que, aunque el programa ofrece una vía legal de empleo, también conlleva la precarización de las condiciones laborales y una mayor dependencia de un sistema que puede cambiar con cada nuevo gobierno.



