Investigaciones recientes han puesto de manifiesto cómo la alimentación puede influir en la salud del cerebro y en la prevención de la demencia. A pesar de que no existen métodos definitivos para evitar esta condición, expertos en neurología y nutrición afirman que ciertos hábitos alimenticios pueden ayudar a reducir los factores de riesgo asociados.
La neuróloga Jessica Schultz enfatiza la importancia de la dieta como una de las estrategias más efectivas. En este contexto, la dieta MIND, que combina elementos de la dieta mediterránea y la dieta DASH, se destaca como un enfoque recomendable. Este patrón alimentario se centra en el consumo de legumbres, frutas, verduras, pescado y cereales integrales, mientras limita la ingesta de sodio, grasas saturadas y azúcares añadidos.
Según la Academia de Nutrición y Dietética, adoptar este tipo de alimentación podría ralentizar el deterioro cognitivo, constituyendo así una medida útil para disminuir el riesgo de demencia. La experta en nutrición Elizabeth Shaw señala tres alimentos que cuentan con respaldo científico y que son esenciales para mantener una buena función cerebral a largo plazo. Entre ellos se encuentran los frutos secos, el pescado graso en conserva y el aceite de oliva, cada uno con beneficios específicos para la salud cognitiva.



