En Sídney, Australia, una significativa campaña ha tomado fuerza, con cerca de 47.000 firmantes que instan al gobierno australiano a otorgar asilo político a las futbolistas de la selección iraní que compiten en la Copa de Asia. La petición, dirigida al ministro de Interior e Inmigración, Tony Burke, refleja la creciente preocupación por la seguridad de estas deportistas al regresar a Irán.

La inquietud se intensificó después de que las jugadoras decidieran no cantar el himno nacional durante su primer partido contra Corea del Sur, lo que generó una fuerte condena por parte de los medios estatales iraníes, quienes las acusaron de traición en un momento crítico para el país. En una emotiva conferencia de prensa, la futbolista Sara Didar manifestó la angustia que sienten las jugadoras ante la situación en su nación, destacando los riesgos que enfrentan debido a su postura.

A medida que se acerca el final de la fase de grupos, con un próximo partido contra Filipinas, las organizaciones de derechos humanos y grupos comunitarios han exigido al gobierno australiano que garantice la seguridad de las futbolistas y que no regresen a Irán mientras persistan las amenazas. En este contexto, la ministra de Exteriores, Penny Wong, se ha mantenido cauta al abordar la solicitud, subrayando la responsabilidad moral que implica ser el país anfitrión en situaciones de riesgo.