Con la llegada del verano, el aumento de las temperaturas puede acarrear diversos riesgos para la salud, muchos de los cuales se pueden prevenir con hábitos sencillos. Las altas temperaturas no solo nos hacen buscar sombra y refrescos, sino que también crean un ambiente propicio para el crecimiento de bacterias, aumentando el riesgo de enfermedades, especialmente en grupos vulnerables como niños y ancianos.
Las emergencias por golpe de calor pueden tener consecuencias severas, incluyendo daños irreversibles en los órganos si no se actúa rápidamente. Ante señales de deshidratación intensa o alteraciones en el estado de conciencia, es crucial buscar atención médica sin demora. Ignorar la necesidad de hidratación o minimizar los síntomas puede resultar en situaciones graves o fatales.
El calor también favorece la aparición de enfermedades gastrointestinales, que son comunes durante la época estival. Las altas temperaturas aceleran la descomposición de los alimentos y fomentan la proliferación de bacterias como Salmonella y Escherichia coli, que pueden provocar diarrea, vómitos, dolor abdominal y fiebre. La rápida deshidratación representa un riesgo particular para los más pequeños y los ancianos. Para prevenir estas condiciones, es fundamental mantener buenas prácticas de higiene alimentaria y una adecuada hidratación, además de protegerse adecuadamente del sol.



