El gobierno británico ha rechazado la solicitud de Estados Unidos para utilizar sus bases militares en un posible ataque contra Irán. Esta decisión ha generado tensiones en las relaciones diplomáticas entre ambos países y ha influido en las conversaciones sobre la soberanía de las Islas Chagos. El primer ministro Keir Starmer informó al presidente estadounidense, Donald Trump, que acceder a dicha petición violaría las normativas del derecho internacional.

La negativa se produce en un contexto de creciente tensión en la región, mientras Washington elabora planes para un ataque preventivo sobre instalaciones iraníes. Según informes, la administración estadounidense había solicitado el uso de la base de Diego García y RAF Fairford, donde se encuentran estacionados bombarderos estratégicos de la Fuerza Aérea estadounidense en Europa. La postura británica enfatiza que cualquier operación militar desde su territorio debe contar con la autorización adecuada y cumplir con las leyes internacionales.

Las relaciones entre Londres y Washington se han tensado a raíz de este intercambio. Trump, a través de su red social, sugirió que si Irán no llegaba a un acuerdo, podría ser necesario utilizar las bases británicas para protegerse de un potencial ataque iraní. Sin embargo, el gobierno del Reino Unido ha advertido que el derecho internacional no hace distinción entre el país que lleva a cabo un ataque y aquel que proporciona apoyo logístico, especialmente si este último es consciente de la ilegalidad del acto. Esta disputa ha impactado negativamente en las negociaciones sobre el futuro de las Islas Chagos, poniendo en suspenso un acuerdo de transferencia valorado en 35.000 millones de libras esterlinas.

En este marco, el ex asesor Ben Judah ha expresado su preocupación por las implicaciones políticas de la situación, indicando que el gobierno británico podría enfrentar dificultades para avanzar en este tema crucial.