La regularización de la situación migratoria es un tema que ha cobrado especial relevancia en los últimos tiempos, sobre todo en Europa, donde miles de personas buscan mejorar su calidad de vida lejos de su tierra natal. Raquel Mosquera, una mujer colombiana de 45 años, comparte su experiencia tras haber enfrentado tres años de incertidumbre desde su llegada a España en 2022. Su testimonio revela las múltiples dificultades que enfrentan quienes, como ella, se ven obligados a migrar en búsqueda de mejores oportunidades, y subraya la importancia de contar con un estatus legal que les permita vivir sin miedo.

Desde el momento en que Raquel aterrizó en España, se enfrentó a un entorno hostil marcado por la falta de derechos y la precariedad laboral. Durante los primeros años, tuvo que lidiar con la angustia de no contar con un hogar estable, empleos mal remunerados y la constante preocupación de ser detenida por su situación irregular. Sin embargo, su esfuerzo y determinación la llevaron a conseguir su primer trabajo en un restaurante, lo que le permitió comenzar a construir un futuro más seguro para ella y su hija, de 14 años.

La regularización de Raquel se dio a través de la inscripción como pareja de hecho, lo que le otorgó un permiso de residencia y trabajo en mayo de 2025. A pesar de este avance, el proceso para regularizar la situación de su hija aún está pendiente. Raquel decidió esperar a tener su propia documentación en orden antes de iniciar los trámites para su hija, temerosa de que cualquier error pudiera complicar su solicitud. Finalmente, en diciembre del año pasado, presentó la documentación necesaria ante las autoridades, y aunque aún aguarda una respuesta, la reciente aprobación de una regularización extraordinaria por parte del Gobierno español ha renovado sus esperanzas.

El camino de Raquel no ha estado exento de sacrificios. A lo largo de estos años, ha trabajado en condiciones precarias, incluso asistiendo a un hombre con esclerosis múltiple por un salario de apenas 8 euros la hora, sin acceso a derechos laborales básicos. Esta precariedad no solo afecta su bienestar, sino también el de su hija, quien ha visto limitado su acceso a servicios esenciales como la educación y la atención médica. La realidad de los niños migrantes en situación irregular es alarmante, ya que crecen con la constante amenaza de la expulsión y la incertidumbre sobre su futuro.

Raquel destaca cómo su hija ha logrado forjar lazos significativos con otras adolescentes migrantes y compañeras de colegio, convirtiéndose en un pilar fundamental en su vida en un país que a menudo se siente ajeno. Sin embargo, el miedo persiste: su hija teme que la policía la detenga en el transporte público o que la separen de su madre. Este contexto de vulnerabilidad pone de manifiesto la necesidad de políticas más inclusivas que protejan los derechos de los migrantes y sus familias.

A pesar de los desafíos, Raquel mantiene la esperanza de que la regularización extraordinaria permita mejorar su situación. Sueña con un futuro en el que pueda viajar con su hija sin temor y en el que ambas tengan la posibilidad de construir una vida plena en España. La historia de Raquel y su hija es un recordatorio del costo humano de la migración y de la importancia de garantizar derechos para todos, independientemente de su estatus migratorio.