El 19 de febrero de 1980, el mundo del rock se vio sacudido por la inesperada muerte de Bon Scott, el carismático vocalista de AC/DC. A 46 años de esa fatídica fecha, muchos aún recuerdan cómo Scott encarnaba el espíritu desenfrenado de una época en la que la música y el exceso parecían ir de la mano. La frase atribuida a Malcolm Young, "Bebíamos como si no hubiera un mañana", resume a la perfección el estilo de vida que llevaba la banda, marcada por intensas giras y un sonido explosivo.
Bon Scott, con su voz rasposa y su inconfundible presencia escénica, fue el alma de AC/DC durante sus años más formativos. Originalmente formada en Sídney por los hermanos Young, la agrupación tomó su nombre de un detalle de una máquina de coser y comenzó a forjar su camino en la escena musical. La llegada de Scott en 1974 fue clave para que la banda desarrollara un sonido auténtico, sin adornos y lleno de energía. Con álbumes como "High Voltage" y "Highway to Hell", AC/DC logró un estrellato mundial que marcó un antes y un después en su carrera.
La trágica noche de su muerte ocurrió tras una velada en el Music Machine de Camden, donde Scott disfrutó de la música y la compañía. Al regresar a casa, se quedó dormido en el auto. Su amigo, Alistair Kinnear, intentó despertarlo sin éxito y, en un intento por ayudarlo, lo llevó a su casa. Sin embargo, al regresar horas después, Scott había fallecido. La partida de Bon Scott no solo dejó un vacío en AC/DC, sino que también transformó su legado en un mito perdurable del rock, recordando a todos que el exceso puede tener un precio devastador.



