El Ramadán, noveno mes del calendario islámico, representa el periodo más sagrado para los musulmanes. Durante 30 días, los fieles se abstienen de comer, beber, fumar y mantener relaciones íntimas desde el amanecer hasta el atardecer, con el objetivo de acercarse a Dios. Más que un simple ayuno, este mes se convierte en una oportunidad de reflexión y oración, donde los creyentes buscan mejorar su carácter y fortalecer su fe.

Desde el punto de vista gastronómico, el Ramadán es tanto un tiempo de restricción como de celebración. Antes de que amanezca, se lleva a cabo el suhur, la última comida del día, que suele incluir frutas, yogur y platos ligeros, diseñados para proporcionar energía y nutrientes para el día que comienza. Al caer el sol, se celebra el iftar, la cena que marca el fin del ayuno, un momento de reencuentro familiar y amistad, donde se comparten abundantes banquetes.

Las mesas se llenan de exquisitas delicias que representan el rico patrimonio culinario del mundo árabe. Entre los platos más destacados se encuentran una sopa marroquí nutritiva, pastelitos crujientes rellenos de quesos frescos y hierbas, y hojas de parra rellenas de arroz y carne. También son populares las albóndigas de cordero, el pollo asado con salsas dulces, y los dulces tradicionales como el baklava, junto a natillas árabes que endulzan el cierre de las comidas.