El presidente del Gobierno español y líder del PSOE, Pedro Sánchez, centra su atención en las elecciones autonómicas de Castilla y León, un territorio donde su partido no ha tenido el control desde 1987. Con el objetivo de revertir la tendencia negativa frente al PP y Vox, Sánchez se enfrenta a un desafío significativo, ya que el Partido Popular ha dominado esta región durante casi cuatro décadas. A pesar de las expectativas moderadas, el líder socialista busca revitalizar la maquinaria electoral de su partido para estar en una posición competitiva de cara a las elecciones generales de 2027.
El PSOE ha atravesado momentos difíciles en recientes citas electorales, incluyendo una contundente derrota en Aragón, donde la candidata Pilar Alegría no logró evitar el triunfo del PP. Este revés ha puesto de manifiesto la desmovilización del electorado progresista, que se ha visto afectado por escándalos de corrupción que han involucrado a figuras clave del partido. A esta situación se suma la falta de tiempo para preparar adecuadamente las candidaturas en diversas regiones, lo que ha generado un clima de incertidumbre y desánimo entre los votantes.
En su discurso de precampaña, Sánchez ha tratado de devolver la esperanza al electorado, destacando los logros progresistas de su gobierno y la necesidad de enfrentar a la ultraderecha. Anunció una serie de iniciativas sociales, como la creación de un fondo para viviendas protegidas y el aumento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI). Las encuestas previas a las elecciones en Castilla y León muestran un panorama más optimista para el PSOE, con un empate técnico entre socialistas y populares, aunque la posibilidad de un gobierno del PSOE sigue siendo complicada debido al papel clave que podría desempeñar Vox en el futuro político de la región.



