En un reciente informe, Oxfam Intermón ha expuesto un preocupante panorama en el que las grandes corporaciones energéticas han visto aumentar sus beneficios de manera significativa desde el inicio del conflicto en Irán. Esta situación se produce en un contexto donde, paradójicamente, los países miembros del G7 han decidido reducir la ayuda destinada a los países en desarrollo. Este contraste plantea serias interrogantes sobre las prioridades de las naciones más ricas del mundo y su compromiso con el bienestar global.
Desde el comienzo de la guerra en Irán, que se intensificó a finales de febrero de este año, la riqueza de 41 magnates del sector energético, provenientes de las naciones más desarrolladas, ha crecido en 23.500 millones de dólares. Oxfam señala que, en medio de la crisis económica mundial que comenzó en 2020, la fortuna de estos 'milmillonarios' ha aumentado en un total de 9,8 billones de dólares. Este incremento en la riqueza de unos pocos contrasta drásticamente con la drástica reducción de 48.000 millones de dólares en la ayuda a los países más pobres, que se prevé entre 2024 y 2026.
Las ganancias proyectadas para las seis principales corporaciones de petróleo y gas podrían alcanzar cifras récord, superando en un 80% las estimaciones previas al conflicto. Se espera que estas empresas generen aproximadamente 68.000 millones de dólares adicionales, llevando sus ingresos totales a 152.000 millones de dólares. Este fenómeno no solo afecta al sector energético, sino que también se extiende a otras industrias, como la de fertilizantes, donde las tres mayores compañías están previstas a incrementar sus beneficios en un 23% en comparación con los pronósticos anteriores a la guerra.
Amitabh Behar, director ejecutivo de Oxfam Internacional, criticó fuertemente este desequilibrio en la distribución de la riqueza. En sus declaraciones, Behar enfatizó que el conflicto en Irán ha generado un "sistema brutal que redistribuye la riqueza hacia arriba", donde los trabajadores ven cómo sus ingresos se desvanecen en favor de los accionistas. La situación es alarmante, ya que mientras millones de familias enfrentan la inseguridad alimentaria, los gobiernos recortan la asistencia humanitaria vital, lo que resulta en una bonanza grotesca para unos pocos multimillonarios.
Oxfam también ha hecho hincapié en la inadecuada respuesta de los países desarrollados ante esta crisis, que difiere de las respuestas adoptadas durante la pandemia de COVID-19 o la invasión rusa de Ucrania. En esos momentos, se implementaron medidas como la suspensión de pagos de deuda a países en desarrollo y la concesión de créditos de emergencia por parte del Fondo Monetario Internacional. Sin embargo, en este caso, se observa una falta de acción colectiva y decisiva por parte de las naciones del G7.
La organización ha instado a los líderes de Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, Canadá y Japón a utilizar su influencia financiera y diplomática para contrarrestar las "acciones destructivas" de Estados Unidos. Oxfam considera que la presidencia francesa del G7 ha cedido ante las presiones de Washington, excluyendo temas cruciales como el cambio climático, la creciente desigualdad y la necesidad de respuestas coordinadas ante crisis globales.
Con la reducción de la ayuda oficial al desarrollo alcanzando cifras históricas, Oxfam califica como "catastrófico" el impacto humano de estas políticas. El informe sirve como un llamado urgente a la comunidad internacional para que reevalúe sus prioridades y asuma un compromiso real con el desarrollo y la justicia social, en lugar de perpetuar un sistema que favorece a unos pocos en detrimento de las mayorías.



