Durante el invierno austral de 2024, la Antártida Oriental vivió un episodio sin precedentes al registrar temperaturas que superaron en más de 9 °C el promedio habitual durante un periodo de 17 días. Este fenómeno extremo ha sido objeto de un minucioso análisis por parte de un grupo de investigadores liderados por Haosu Tang, de la Universidad de Sheffield, quienes han documentado el impacto del calentamiento global en la región. La investigación, publicada en la revista npj Climate and Atmospheric Science, plantea serias advertencias sobre las implicancias futuras del cambio climático en uno de los ecosistemas más frágiles del planeta.
Entre julio y agosto de 2024, las anomalías térmicas alcanzaron cifras alarmantes, como en la estación Dome Fuji, donde la temperatura se disparó hasta 30,9 °C por encima de lo normal. Este evento se atribuye, según los científicos, al debilitamiento prematuro del vórtice polar estratosférico, lo que permitió que el aire cálido y húmedo de latitudes más bajas invadiera la región. Este fenómeno no solo es indicativo de un cambio climático acelerado, sino que también destaca la vulnerabilidad de la Antártida ante condiciones climáticas extremas que antes eran impensables en esta parte del mundo.
El estudio revela que el calentamiento global ha elevado la temperatura de esta ola de calor en 0,7 °C, además de duplicar la probabilidad de que se repita un evento similar en el presente, comparado con un clima que no estuviese afectado por la acción humana. Las proyecciones son inquietantes: si las emisiones de gases de efecto invernadero continúan en aumento, se estima que la frecuencia de eventos de este tipo podría multiplicarse hasta 26 veces para finales de siglo, alcanzando temperaturas hasta 3,8 °C superiores a las actuales.
La problemática del derretimiento de hielo en la Antártida no es reciente. En 2023, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, indicó que la extensión del hielo marino en la región había tocado un mínimo histórico, con 1,5 millones de kilómetros cuadrados menos que el promedio habitual. Este descenso es equivalente a la superficie combinada de varios países europeos, lo que pone de manifiesto la magnitud del problema y sus implicancias no solo para el ecosistema antártico, sino también para el nivel del mar a nivel global.
El aumento en la fusión de hielo está directamente relacionado con la elevación del nivel del mar, una situación que, según Guterres, amenaza las viviendas y el sustento de las comunidades costeras. Este fenómeno ya está generando problemas de asegurabilidad para muchas viviendas, lo que representa un riesgo significativo para la supervivencia de pequeños Estados insulares que dependen de la estabilidad de sus territorios. La pérdida de la capa de hielo de Groenlandia también es alarmante, con datos que indican una reducción de más de 250 gigatoneladas anuales, lo que acentúa la crisis climática en el hemisferio norte.
El debilitamiento del vórtice polar y la invasión de aire cálido, junto con la disminución de la cobertura de hielo, crearon un entorno propicio para que la ola de calor persistiera más de dos semanas. Los investigadores advirtieron que la magnitud de este evento superó hasta cuatro veces las desviaciones estándar históricas en términos de temperatura y precipitación, con una recurrencia estimada de una vez cada 135 años. Este incremento en la frecuencia de eventos extremos es preocupante y sugiere que la Antártida ya no es inmune a los cambios climáticos que afectan a otras regiones del planeta.
En marzo de 2022, la Antártida también había registrado otra ola de calor récord, lo que enfatiza la tendencia creciente de estos fenómenos. La acumulación de evidencia sugiere que los eventos climáticos extremos están aumentando en frecuencia, desafiando la noción de que la Antártida es un refugio seguro frente al cambio climático. La capacidad de este continente para almacenar aproximadamente el 60% del agua dulce del mundo lo convierte en un actor crucial en la batalla global contra el cambio climático, y la salud de sus ecosistemas es vital para el equilibrio del planeta.



