La ubicación de Ecuador, entre Colombia y Perú —dos de los principales productores mundiales de coca—, convirtió al país en una plataforma logística central para las redes transnacionales del narcotráfico. Desde allí, las organizaciones criminales conectan a los países productores con los mercados de Europa, Norteamérica y Oceanía.

El Informe Mundial sobre las Drogas 2026 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc) señala una expansión sin precedentes del mercado mundial de la cocaína y destaca el papel estratégico que asumió Ecuador en ese circuito. El organismo identifica a los puertos ecuatorianos y al intenso movimiento de contenedores como puntos aprovechados para ocultar cargamentos ilícitos dentro del comercio legal.

De acuerdo con el informe, por Ecuador circula más del 70% de la droga producida en Colombia. Esa situación alimenta las disputas entre grupos criminales por el control de las rutas y de otras economías ilícitas, mientras las deficiencias estructurales favorecen la impunidad, debilitan la autoridad estatal y deterioran la confianza pública en las instituciones encargadas de preservar el orden.

La corrupción, según el documento, alcanzó a numerosas instituciones ecuatorianas, entre ellas la Policía y el Poder Judicial. En ese escenario, Estados Unidos se convirtió en uno de los socios estratégicos del Gobierno de Ecuador para fortalecer las capacidades del Estado frente a las organizaciones dedicadas al narcotráfico.