María Schlegel, nacida en Valladolid en 1993, se ha convertido en una de las figuras destacadas de la Real Federación Española de Voleibol. Con más de 300.000 seguidores en sus redes sociales, la joven atleta ha encontrado una plataforma que le brinda visibilidad y oportunidades de patrocinio. A los 18 años, se trasladó a Madrid desde Asturias con una beca de atletismo para estudiar INEF, pero a los 22, decidió cambiar el salto de altura por el voleibol, llevando su vida por un camino lleno de viajes a países como Italia, Estados Unidos y, actualmente, Hungría. Su compañero inseparable en esta aventura es su gato, Jackson Alessandro.

A sus 32 años, Schlegel juega para el MBH-Békéscsabai RSE, donde sigue disfrutando del voleibol como lo hacía en su infancia. En una conversación reciente, la deportista compartió que la pasión por el deporte es lo que impulsa a muchos a convertirlo en su profesión. Con una imponente estatura de 1,80 metros, cabello rubio ondulado y ojos claros, María proviene de una familia con un fuerte vínculo deportivo: su madre, Carmen Mosegui, es una atleta uruguaya de 400 metros, mientras que su padre, Mike Schlegel, es un baloncestista estadounidense de ascendencia alemana.

A pesar de que su vida estuvo marcada por el deporte desde temprana edad, Schlegel no se sintió atraída por el voley playa, aunque vivía cerca del mar. En su juventud, se destacó en el salto de altura, participando en campeonatos internacionales, pero eventualmente decidió dejar esa disciplina por el voleibol debido a razones de salud mental. Desde entonces, ha equilibrado su carrera como jugadora profesional con su faceta emprendedora, organizando charlas y campamentos para jóvenes con el propósito de fomentar la amistad a través del voleibol. Durante la pandemia, también comenzó a compartir contenido en redes sociales sobre prevención de lesiones, reconociendo que su enfoque no tenía una estrategia definida, pero con el deseo de dar a conocer su deporte y su valor.