La princesa María Cristina de Bélgica ha sorprendido al mundo al romper su largo silencio de casi dos décadas. En una carta manuscrita dirigida a la revista Point de Vue, la hermana del fallecido rey Balduino confirma que sigue viva, pero reafirma su decisión de mantenerse alejada de la vida pública y de su familia. "Cuanto más pasa el tiempo, más me retiro de la vida social", expresa con firmeza, dejando en claro que su distanciamiento fue una elección consciente y no una mera casualidad.
En esta carta, enviada desde Estados Unidos, María Cristina no ofrece detalles sobre su vida cotidiana, pero sí incluye un gesto simbólico: el sobre lleva el membrete real con la insignia de “Su Alteza Real”. Esto sugiere que, a pesar de su decisión de permanecer en un segundo plano, todavía reconoce su identidad como parte de la realeza belga.
Hija del rey Leopoldo III y de Lilian de Réthy, su infancia estuvo marcada por tensiones familiares y conflictos internos en la casa real. En sus memorias publicadas en 2004, la princesa compartió sus experiencias de una niñez complicada, donde se sentía poco valorada por su madre. Además, reveló un doloroso episodio de agresión sexual que vivió en su juventud, conectándolo con el presente y el movimiento #MeToo. Su distanciamiento de la familia se acentuó a principios de los años 80, cuando encontró en Canadá un refugio y una nueva vida lejos de las sombras de su pasado.
Desde entonces, su conexión con Bélgica ha sido casi nula, regresando solo una vez en 1983 para la muerte de su padre, una visita que evitó prolongar. La carta que ha enviado marca un hito en su historia personal, reafirmando su deseo de vivir en la privacidad y la tranquilidad, lejos de las expectativas que conlleva ser parte de la realeza.



