El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, anunció que en las próximas semanas comenzarán en Washington las conversaciones destinadas a avanzar hacia una transición democrática en Venezuela. La definición se conoció mientras la atención internacional se concentraba en la definición del Mundial en Estados Unidos y volvió a poner el foco sobre el futuro político de la región.

Venezuela quedó bajo la conducción directa de Washington desde el 3 de enero, cuando Nicolás Maduro fue detenido en Caracas y trasladado a Nueva York para ser juzgado. Según el planteo expuesto en torno a esos acontecimientos, la operación militar contó con la participación de miembros del régimen venezolano.

El terremoto político del 24 de junio dejó expuesta, de acuerdo con esta lectura, la crisis del sistema iniciado por Hugo Chávez en 1999. El régimen, que durante años se presentó como una experiencia de transformación política, aparece ahora asociado a la represión y al enriquecimiento de sus dirigentes.

Sobre las ruinas materiales e institucionales de Venezuela, el gobierno de Donald Trump busca impulsar un sistema político alineado con sus propios intereses. En ese esquema, el petróleo ocupa un lugar central y condiciona el giro de la política estadounidense hacia la región.

El escenario venezolano forma parte de una revisión más amplia de los procesos políticos que durante años fueron considerados referencias por el kirchnerismo. En ese grupo también aparecen Cuba y Nicaragua, dos antiguos aliados cuya evolución volvió a quedar bajo observación frente al deterioro institucional y económico de la región.