Cada año, surge la consulta sobre la prohibición de consumir carne en los viernes de Cuaresma. Esta práctica, profundamente arraigada en la historia y en la tradición de la Iglesia católica, tiene un significado especial en la vida de millones de personas, especialmente en México.
Analizar el trasfondo de esta costumbre permite a los creyentes vivir la Cuaresma con mayor intención y sentido, más allá de simplemente abstenerse de ciertos alimentos. La Arquidiócesis Primada de México destaca que esta tradición va más allá de una simple restricción alimentaria; representa un llamado a la solidaridad, la caridad y la reflexión espiritual.
La prohibición de la carne durante los viernes de Cuaresma se remonta a las primeras comunidades cristianas, donde existía una clara distinción social en cuanto a la alimentación. Mientras los adinerados podían permitirse el lujo de consumir carne, los más humildes dependían del pescado como fuente principal de alimento. De esta manera, la Iglesia instaba a los ricos a unirse a la alimentación de los pobres, promoviendo la equidad y la empatía. Asimismo, el dinero que se ahorraba al no comer carne se destinaba a obras de caridad, reforzando el sentido de comunidad y ayuda mutua entre los fieles.
Con el tiempo, esta práctica se ha consolidado como una oportunidad para fortalecer la voluntad y el espíritu, ayudando a los creyentes a prepararse para enfrentar tentaciones y vivir su fe de manera más comprometida. Hoy en día, la abstinencia de carne en viernes de Cuaresma no solo se observa como un deber religioso, sino que también invita a la reflexión sobre la importancia de la solidaridad y el apoyo a quienes más lo necesitan.



