En el noreste de Tailandia, en la reciente provincia de Bueng Kan, se encuentra un fascinante fenómeno geológico conocido como la Roca de las Tres Ballenas, o Hin Sam Wan. Esta formación rocosa, que tiene aproximadamente 75 millones de años, se destaca por su peculiar silueta que, desde ciertos ángulos, recuerda a una familia de ballenas emergiendo sobre la cima de una montaña.

El enclave está situado dentro del Parque Forestal Phu Sing, una vasta reserva que no solo protege la biodiversidad de la región, sino que también resguarda esta extraordinaria obra de la naturaleza, modelada a lo largo de milenios por la erosión y los movimientos tectónicos. Desde las alturas de la roca, los visitantes pueden disfrutar de vistas panorámicas del río Mekong y de los bosques circundantes, así como de las montañas de la vecina República Democrática Popular Lao, lo que resalta la importancia biogeográfica de Bueng Kan, ubicada a 751 kilómetros de la capital, Bangkok.

En los últimos años, esta región ha visto un notable aumento en el turismo, tras un largo periodo de desconocimiento internacional. La agencia de turismo de Tailandia (TAT) ha implementado iniciativas como el programa “7 Greens”, que promueve el turismo responsable y sostenible. Este enfoque busca preservar los paisajes naturales y garantizar que las futuras generaciones puedan disfrutar de ellos. En este sentido, la Roca de las Tres Ballenas es un modelo de sostenibilidad, con actividades turísticas que se desarrollan bajo estrictas normativas de bajo impacto, permitiendo a los visitantes explorar un entorno natural único sin comprometer su integridad.

El acceso a las formaciones se realiza a través de una red de senderos que permite a los turistas acercarse a las rocas, aunque solo dos de las tres pueden ser visitadas. La más pequeña, conocida como la de “hijo”, está restringida para protegerla y preservar su entorno. La antigüedad de estas estructuras, que datan de la era de los dinosaurios, las convierte en un punto de interés no solo geológico, sino también cultural. Además, la reserva alberga una diversidad biológica impresionante, incluyendo especies endémicas y hermosos miradores naturales que, al atardecer, ofrecen vistas espectaculares donde los colores cálidos iluminan el paisaje.