La Oficina de Derechos Humanos de la ONU ha presentado un informe impactante que revela las gravísimas violaciones que sufren las personas atrapadas en redes de estafas informáticas en la región del Mekong. Este fenómeno se extiende por cinco países: China, Birmania, Laos, Tailandia y Camboya, además de tener ramificaciones en lugares como los Emiratos Árabes Unidos.
Las estafas digitales han cobrado una magnitud económica alarmante, especialmente en Laos, donde se estima que generan más de 10.500 millones de euros, lo que representa un 68,5% del Producto Interno Bruto del país. Este crecimiento desmesurado de las operaciones fraudulentas se ha visto favorecido por la pandemia de COVID-19, que llevó a organizaciones criminales a diversificar sus actividades, estableciendo centros de estafas en casinos y hoteles vacíos durante los confinamientos.
Estos centros, conocidos como "granjas de estafas", han transformado espacios de ocio en verdaderas prisiones para sus empleados, quienes viven bajo condiciones extremas. Las mafias utilizan tecnología avanzada, como la falsificación de imágenes y voces mediante inteligencia artificial, para manipular a sus víctimas. Muchos de los trabajadores, provenientes de diversas partes de Asia y África, llegan sin conocimiento de la realidad que enfrentarán, y una vez allí, escapar se convierte en una misión casi imposible, como se detalla en el informe de la ONU.



