Estados Unidos y el Reino Unido obtuvieron acceso confidencial a los planes de Moscú para invadir Ucrania varios meses antes de que se llevara a cabo la ofensiva, lo que anticipó un quiebre significativo en la seguridad europea desde 1945. A pesar de la información precisa proporcionada por las agencias de inteligencia occidentales, las advertencias fueron desestimadas por la mayoría de los países europeos, incluida Ucrania. Este escepticismo, en parte alimentado por la memoria de la invasión de Irak en 2003 y la creencia de que una guerra a gran escala era “inconcebible” en el siglo XXI, dominó la respuesta de las autoridades.
En las semanas previas al ataque, las señales recogidas por el espionaje estadounidense y británico fueron contundentes, según un informe detallado. Altos funcionarios emitieron alertas directas, se llevaron a cabo reuniones de emergencia y se realizó un esfuerzo sin precedentes para compartir información sensible tanto con aliados como con la opinión pública. Sin embargo, líderes europeos como Emmanuel Macron y Olaf Scholz continuaron apostando por una solución diplomática hasta el último minuto, mientras que Volodymyr Zelenskyy, presidente de Ucrania, desestimó las advertencias para evitar provocar un pánico que podría dejar al país vulnerable antes del inicio de la agresión.
Dentro del Kremlin, los planes de invasión se mantuvieron en un estricto secreto, y muchos altos funcionarios rusos no estaban al tanto del ataque inminente hasta días antes de su ejecución. Ni siquiera algunos de los más cercanos a Putin, como su portavoz o el ministro de Relaciones Exteriores, conocían todos los detalles. Este secretismo también afectó a posibles aliados del Kremlin, quienes solo se enteraron de la ofensiva cuando Putin convocó a su Consejo de Seguridad y les instó a apoyar la decisión de reconocer la independencia de Donetsk y Lugansk. El escepticismo prevaleció, incluso después de que la OTAN informara sobre la magnitud de los preparativos rusos, ya que muchos interpretaron las maniobras militares como simples tácticas de presión, convencidos de que Putin era “demasiado racional” para llevar a cabo una operación con tan altas probabilidades de fracaso.



