En Perú, más de 1.900 niños y adolescentes son diagnosticados con cáncer anualmente, según datos del Ministerio de Salud (Minsa). A pesar de los avances en diagnóstico y tratamiento que han mejorado las tasas de curación a nivel global, el impacto del cáncer infantil sigue siendo un reto significativo para las familias, especialmente aquellas que no residen en Lima, y para un sistema de salud que enfrenta limitaciones estructurales y dificultades de acceso.

Un factor crucial en el tratamiento de estos pequeños pacientes es el apoyo emocional que reciben a lo largo de su proceso. Los profesionales de la salud coinciden en que el enfoque debe ir más allá de la enfermedad misma. La asistencia psicológica se vuelve esencial para que los niños puedan afrontar el tratamiento de manera efectiva y garantizar la continuidad del mismo.

El Dr. Juan García, especialista en Oncología Pediátrica de la Clínica Anglo Americana, destaca que cuando un niño se siente seguro y respaldado, su confianza hacia el equipo médico aumenta, lo que a su vez mejora su disposición para cumplir con los controles y terapias. Este acompañamiento emocional no solo ayuda a mantener la continuidad del tratamiento, sino que también facilita que los pacientes enfrenten procedimientos invasivos con menor temor, haciendo que la experiencia sea más llevadera y efectiva.