Durante años, la narrativa dominante sostenía que la identidad salvadoreña se había forjado a través de un mestizaje homogéneo. Sin embargo, recientes datos del Banco Central de Reserva (BCR) revelan un cambio significativo en esta percepción. En la encuesta de 2024, se registran 25,690 personas que se identifican como afrodescendientes, una cifra que desafía la idea de que la negritud había quedado invisibilizada en el país. Esta nueva realidad surge de una mayor apertura en los métodos de medición de identidad nacional.
El contexto histórico también juega un papel fundamental en esta transformación. Durante la dictadura de Maximiliano Hernández Martínez en 1933, se implementaron leyes destinadas a eliminar la presencia de la comunidad negra en El Salvador. En este sentido, el hecho de que un número creciente de personas afirme su identidad afrodescendiente representa un acto de reivindicación y justicia histórica.
Un aspecto destacado es el perfil demográfico de esta comunidad. La población afrodescendiente presenta un rostro joven, ya que el 34.6% se encuentra entre los 15 y 34 años. Este grupo se complementa con un 30.4% de adultos de entre 35 y 59 años, lo que indica que el resurgimiento de la identidad afro es impulsado mayormente por las nuevas generaciones. Un mapa elaborado por la Fundación Afrodescendientes Organizados Salvadoreños (Afroos) resalta la importancia de localidades como Atiquizaya, donde se celebra el Festival de la Cochinita, un evento que no solo honra un platillo tradicional, sino que también representa un símbolo de la herencia africana en la cultura salvadoreña.



