La situación en Oriente Medio genera gran inquietud en la Unión Europea debido a las posibles repercusiones de la guerra en Irán. El conflicto, que se intensificó tras la eliminación del líder iraní Alí Khamenei por parte de Estados Unidos e Israel, ha desatado una serie de ataques masivos desde Teherán. La milicia Hezbollah, aliada de Irán, también ha intensificado sus acciones contra objetivos estadounidenses e israelíes, extendiendo el clima de violencia en la región.

Uno de los mayores temores es cómo este conflicto podría afectar los precios de la energía. Irán no solo ha atacado a instalaciones militares, sino que también ha apuntado a infraestructuras energéticas clave. Entre los primeros objetivos se encuentra la refinería de Saudi Aramco en Arabia Saudí, seguida por las principales instalaciones de gas licuado en Qatar, lo que ha llevado a la paralización de su producción por razones de seguridad. Esta estación es fundamental, ya que representa el 20% del suministro global de gas.

Las consecuencias de estos ataques ya se sienten en los mercados. La interrupción del suministro catarí, sumada al bloqueo en el estrecho de Ormuz —vía crucial para el transporte de petróleo y gas—, ha provocado un aumento significativo en los precios del gas natural licuado y del petróleo a nivel mundial. En Europa, el índice TTF de Ámsterdam experimentó un incremento de más del 40% en un solo día, y el barril de Brent también vio un aumento en su cotización. Los analistas advierten que, aunque la situación actual refleja la reacción de los mercados, los efectos en los precios domésticos aún están por verse, ya que los envíos de gas tardan tiempo en llegar a su destino.