La situación actual en Cuba plantea un dilema complejo para su régimen, que enfrenta una crisis económica severa. A lo largo de los años, se ha especulado sobre la verdadera naturaleza del conflicto de Fidel Castro con Estados Unidos, sugiriendo que su enfrentamiento no solo era con el gobierno de Washington, sino también con los cubanos exiliados en Miami. En este contexto, algunos analistas consideran que el modelo político y económico cubano ha llegado a un punto de no retorno, lo que ha derivado en una profunda crisis alimentaria que comenzó mucho antes de la llegada de Donald Trump a la presidencia.

En la década de 1990, tras el conflicto con la Contra en Nicaragua, el general Humberto Ortega instó a sus colegas a transformarse en una nueva clase empresarial. A pesar de las críticas de Castro sobre este llamado, la realidad en Cuba ha mostrado un cambio significativo con la creación del Grupo de Administración Empresarial Sociedad Anónima (GAESA). Bajo la dirección de altos mandos militares, esta entidad ha consolidado su control sobre sectores clave de la economía cubana, incluyendo turismo, comercio y banca, lo que refleja un giro hacia una economía más abierta, aunque bajo estricta supervisión estatal.

A pesar del discurso anticapitalista, las interacciones de los Castro con empresarios internacionales revelan una actitud ambivalente hacia el capitalismo. Durante los momentos más difíciles de los años 90, Fidel Castro buscó inversiones extranjeras y cultivó amistades con empresarios de diferentes países. Sin embargo, el temor a la pérdida de poder político y la posible represalia de los exiliados cubanos parecen ser las verdaderas razones detrás de su resistencia a un cambio más profundo en la estructura del poder en la isla. Así, el futuro de Cuba sigue siendo incierto, atrapada entre la necesidad de reformas y el miedo a sus consecuencias.